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11 oct 2012

Cazadores: Michelle. Parte 45 (Final).


VICKY


La mañana había sido fría. Ahora, el sol del mediodía le daba de lleno, sofocándola en el tapado negro. Había abierto los botones mientras caminaba, balanceando un ramillete de flores en una mano con cuidado.
Apenas había un par de personas en los alrededores, todas demasiado ocupadas como para prestarle atención. Para ella, era un alivio.
Finalmente llegó al lugar. A su alrededor crecía el pasto. El predio estaba parquizado y se veía alegre. A sus pies había una placa gris con un nombre grabado: Cassandra Farrel. Había un ramo de flores simple en un recipiente enterrado sobre la lápida, probablemente dejado allí por su padre.
Vicky acomodó su ramillete al lado del que ya estaba. Varias otras idénticas placas grises brillaban a poca distancia, alineadas como un tablero totalmente simétrico. A pesar de ello, el aire casual del lugar, como si se tratara de un jardín o un parque, le daba un aire inusualmente alegre al cementerio. Era extraño, inesperado; pero así le gustaba.
Las cosas serían muy extrañas de ahora en más. Al salir aquella mañana, la casa vacía y silenciosa le había resultado extraña y hasta deprimente. Desde su transformación, su hogar se había vuelto un lugar poblado y vital. Seguro de que ella lo necesitaría, Tom se había quedado a su lado. Ahora, ambos se habían ido. Él tal vez regresaría alguna vez, aunque no sabía cuando. Su madre jamás lo haría.
Había perdido la cuenta de cuanto tiempo llevaba allí de pie cuando lo sintió venir.
– Hola – le dijo, antes de que él pudiera anunciarse, lo cual pareció descolocarlo.
– No sabía que ibas a estar acá. Puedo irme si querés… volver en otro momento.
– Ella era tu hermana, tenés derecho a estar acá – le dijo Vicky a su tío, dándose vuelta para quedar cara a cara con él.
El hombre parecía incómodo. Vicky forzó una sonrisa, tratando de tranquilizarlo.
– Nunca supe por qué volvieron a la ciudad – le dijo. Él se llevó la mano a la cabeza, como quien recuerda algo de pronto.
– Ah, si. ¡Eso! Llevamos unos años siguiendo a un vampiro. Un… asesino serial, podría decirse.
Vicky no pudo evitar una expresión de sorpresa.
– Es un… asesino real – trató de explicar el hombre –. Asesina mujeres jóvenes, estudiantes universitarias en su mayoría. Juega con ellas, en ocasiones con sus familias y luego las drena. Va diseminando cadáveres por el mundo.
– ¿Y por qué acá?
– Lo seguimos hasta la zona. Pensábamos hablar con Cassandra, que nos contactara con los clanes locales, aprovechando los acuerdos, pero… Hacía mucho que ella y yo no hablábamos y las últimas veces no en buenos términos… Y me temo que Nico se me adelantó.
El recuerdo de la pelea con su primo volvió a la mente de Vicky inmediatamente. Su rostro se ensombreció al hacerlo.
– Él no va a molestar más – aseguró su tío –. No tenés que preocuparte por eso.
Vicky asintió.
– Tal vez pueda ayudarlos con su búsqueda – le dijo la chica entonces –. Tom es el líder del clan y William lo reemplaza cuando no está. Puedo arreglarte una reunión con él y tal vez pueda contactarte con los líderes de los clanes vecinos, de ser necesario.
El hombre sintió, agradecido. Ella le sonrió, pero sabía que el gesto estaba vacío, que era solo por compromiso. Ambos lo sabían.
Sin decir una palabra más, se alejó del lugar. Ahora solo podía hacer una cosa: ser fuerte y esperar a ver que nuevo cambio le deparaba el destino.

MICHELLE



Seth la esperaba junto al edificio del lugar, compuesto de una sala, una oficina y una capilla. Él ya se había despedido. Ella necesitaba algo de privacidad.
Recién eran las primeras horas de la mañana. El sol apenas asomaba en el horizonte. Aún así, ya había un ramo de flores junto a la placa gris que llevaba el nombre de Cassandra. Michelle sonrió amargamente: eso quería decir que Tom había estado allí por la noche, probablemente despidiéndose igual que ella lo hacía ahora. Solo Dios sabía cuando regresarían.
– Solo quería decirte que nunca hubiera logrado nada de lo que hice sin ustedes, sin vos – dijo con voz triste –. Ahora tengo que irme. El clan Rose necesita reorganizarse y para eso tengo que ir a Europa, a la casa de mi padre. Y quedarme por allá un tiempo largo. Seth dice que su padre no va a tener otra opción más que firmar el tratado de paz. Por eso él viene conmigo. Además, a esta altura, y después de todo lo que pasó, te podrás imaginar que no pienso separarme de él. Solo espero que tenga razón respecto a su padre.
Michelle sonrió. Juntos, por fin, ella y Seth, sin nada ni nadie para separarlos. Después de casi un milenio de idas y vueltas.
– Por Vicky no te preocupes: ella va a estar bien. Es más fuerte de lo que siempre creímos, mucho más de lo que siempre fue. Y no va a estar sola. Están Zach y su familia y Will y Milena – en ese punto, Michelle se permitió sonreír nuevamente –. Y también Sybilla y Louisa. Creo que ellas piensan quedarse por un buen tiempo. ¡Quién iba a decirlo!
Michelle lamentó por un momento no haber llevado flores. Tal vez así fuera mejor. Seguramente, Vicky pasaría más tarde. No debía ocupar todo el espacio, que era más bien reducido.
Con un suspiro, se dio media vuelta y caminó hacia el hombre que la esperaba. Se unieron en un abrazo y salieron juntos del cementerio. Por primera vez en su vida, algo en su futuro era una certeza: él.

1 oct 2012

Cazadores: Michelle. Parte 42.


VICKY

No tenía sentido hacer la reunión si Sybilla no estaba ahí. Y no aparecía por ningún lado. Pero Tom había insistido, asegurando que su hermana iba a aparecer. Había vuelto a confiar en ella. Esperaba que la mujer lo mereciera.
Michelle entró en la habitación con el rostro serio. Seth no la acompañaba. Estaba ocupado, explicó. Vicky empezaba a ponerse tensa. Sintió la mano de Zach en el hombro intentando tranquilizarla. Justo en ese momento la puerta se abrió, dando paso a Sybilla y Louisa. Venían tomadas de la mano y la mujer se veía mucho mejor, a pesar de que era evidente que aún estaba débil.
– No voy a dejarte sola con Loo nunca más – le susurró Zach al oído con ironía.
Vicky reprimió una risa.
– Yo podría decir lo mismo – le respondió –. Voy a recordarte que ambas salieron con hombres también. Sybilla solía salir con Seth.
Como si hubieran escuchado aquello, esta última y Michelle quedaron frente a frente. La rubia murmuró el nombre de la otra de forma monótona. Sus ojos pasaron de esta a Louisa y luego a Tom.
– Dijeron que era importante. ¿Qué pasa?
Tom desvió la mirada a su hermana mientras empezaba a hablar.
– Sybilla fue atacada – empezó a explicar el hombre. La mirada de todos se fue hacia ella. Luego volvieron todos a él – con estas.
En la mano tenía tres piezas pequeñas de madera y metal. El escalofrío que recorrió a Michelle fue visible para todos. Eran balas, pero hechas de aquella mezcla misteriosa que envenenaba la sangre de un vampiro y, pegándole directo al corazón, podía volverlo cenizas.
– Una de estas asesinó a Cassandra – dictaminó el hombre. Michelle parecía atónita y paralizada.
– No puede ser – susurró con un hilo de voz.
Una imagen fugaz invadió la mente de Vicky: un hombre furioso asesinado por un Seth aún más furioso y un nombre: George. El episodio se desvaneció casi al instante, pero algo le quedó claro: él había inventado aquella mezcla fatal y se había llevado el secreto a la tumba. ¿Cómo podían ser posibles estas nuevas armas mortales?
– ¿Dónde…? – empezó a preguntar la mujer, saliendo un poco de su ensoñamiento.
– En territorio Vega – dijo Sybilla, hablando por primera vez –. Al parecer, alguien importante en ese clan protege a los Rose y a James Blackeney. Aunque no estoy segura de que sea sus líderes.
Al oír aquello, Michelle palideció. Casi frenética, sacó un telefono celular de su bolsillo y marcó un número. Alguien atendió y ella preguntó por Seth. La respuesta pareció desesperarla aún más. Con un grito, estrelló el aparato contra la pared, destrozándolo.
– ¡Maldita sea su negación con la tecnología! – rugió – Seth va en camino a reunirse con Ángel Vega. Y no tengo forma de comunicarme con él para advertirle del peligro.
Tom buscó su teléfono mientras caminaba a la puerta:
– conozco a Ángel. Él no puede estar involucrado en esto. Pero podría estar en peligro también.
Todos siguieron al hombre, preocupados y decididos a ayudarlo a detener lo que fuera a pasar.


TOM

Inmediatamente, todos emprendieron una frenética carrera hacia territorio Vega. Vicky y Zach iban en una motocicleta y Sybilla y Louisa en otra, esta última tapada de pies a cabeza para protegerse de la luz solar. Tom se subió al auto de su hermano, el cual no tardó en ponerse al volante. Milena y Michelle se ubicaron en el asiento trasero. Todos ellos eran los únicos en aquella misión de emergencia. Esperaba que fueran suficientes.
Mientars Will manejaba, encabezando la marcha, él intentaba, sin éxito, comunicarse con Ángel Vega. Por último, uno de sus intentos tuvo éxito.
– ¿Laura? Es Tom Collin. Ángel tenía planeado reunirse con Seth Blackeney hoy. ¿Sabés donde pensaban hacerlo? – le preguntó a la hermana del otro con tono preocupado. La mujer contestó, indicando el nombre de un restaurant pequeño del que eran dueños, información que él le pasó inmediatamente a su hermano.
– ¿Quién está con él? – preguntó Tom.
La mujer empezó a alarmarse. Él intentó explicarle la situación lo mejor que pudo, lo que contribuyó a alarmarla aún más.
– Ángel no sería parte – empezó a decir ella.
– No – interrumpió él –. No lo creo. Pero bien puede ser una trampa para él también.
– ¡Voy para allá! – dijo ella, cortando el teléfono.
William profirió una maldición en inglés. Había una gran cantidad de autos frente a ellos. Estaban momentáneamente varados. Las dos motocicletas esquivaron a los vehículos de forma algo riesgosa y siguieron adelante.
– ¿A dónde van? – preguntó Michelle, alterada.
– Ellos ya saben a donde tienen que ir – respondió Tom mientras le llegaba el mensaje mental de Loo.
Unos minutos más tarde, de todos modos, estaban llegando al lugar indicado. Las dos motocicletas estaban mal estacionadas en la puerta y tres de los cascos estaban tirados a un lado. Doblando la esquina se acercaba una muchacha corriendo. El cabello castaño le flotaba a la espalda y el sol le pegaba de lleno en el rostro, dándole a su piel morena un aspecto casi dorado.
Michelle y Will entraron, seguidos de Milena. Tom se demoró, aguardando a que Laura llegara. Una vez adentro, se encontraron con el lugar desierto. Había un casco tirado en el suelo al pie de una escalera. La puerta que daba a la habitación de la planta alta estaba entreabierta y de ella provenían ruidos de pelea. Estaban empezando a subir, cuando escucharon el sonido de un disparo.

24 sept 2012

Cazadores: Michelle. Parte 40: Vicky.


Finalmente, casi la mitad del clan había accedido a seguir a Tom, a pesar de que ninguno se sentía con ganas de enfrentarse a una guerra interminable. Ya la pelea de dos años atrás contra los parias los había dejado en una situación precaria. Habían vencido, sí, pero también se había derramado mucha sangre.
No se había quedado a ver que sería de aquellos que habían decidido no seguir a su padre. Ellos tomarían una decisión y llegarían a un acuerdo. Vicky ya estaba demasiado cansada. Necesitaba descansar, dormir, dejar atrás todo lo que había sucedido. El cuerpo casi no le respondía. Zach la acompañó hasta su casa.
– Supongo que querrás dormir – le dijo él en la puerta. No sonaba molesto. Más bien parecía tan agotado como ella. Vicky meditó un momento antes de contestar.
– Si – le respondió –, pero no me quiero quedar sola. Me va a llevar mucho tiempo acostumbrarme a que ella no esté.
Zach le sonrió como intentando consolarla. Sin decir nada más, entraron a la casa y subieron las escaleras. No tardaron demasiado en quedarse completamente dormidos, acurrucados uno junto al otro.

No tenía la menor idea de cuantas horas habían pasado desde entonces hasta que escuchó el ruido: alguien llamaba a la puerta. Los golpes hubieran sido imperceptibles para un humano corriente desde allí arriba y en realidad apenas podía escucharlos ella misma. Algo más había llamado su atención y también había despertado a Zach, algo a un nivel más profundo. No podía percibir pensamientos concretos, solo una sensación de dolor, desesperación y miedo. Alguien estaba afuera y no estaba bien.
En el pasillo se encontró con su padre: no estaba dormido, por lo que había escuchado el ruido sin problema. Bajaron los tres juntos la escalera, pero solo Tom se acercó a la puerta. Zach y Vicky esperaron al pie de la escalera, atentos. Cuando la puerta se abrió, una figura cayó hacia adelante, como si no pudiera sostenerse en pie por sí misma. El aroma de la sangre invadió el ambiente en un instante. El hombre se adelantó, intentando detener la caída, intentando evitar el golpe. Un rostro quedó a la luz, pálido como la muerte, la respiración apenas perceptible: Sybilla.
Inmediatamente, Zach y Vicky corrieron hacia la mujer. Su ropa estaba cubierta de sangre y había al menos tres heridas abiertas en distintos puntos, aún sangrando. Aquello no era normal. Si bien se necesitaba consumir sangre para que una lastimadura cerrara completamente, el cuerpo del vampiro empezaba a sanar, lentamente, casi al instante. Había algo allí que no le permitía hacerlo, algo que hacía que Sybilla continuara debilitándose.
Sin demasiado esfuerzo, subieron a la mujer a la habitación de Vicky en la planta alta. Tom parecía preocupado y angustiado. Aquello no era nada bueno. Una vez su hermana estuvo acomodada en la cama, el hombre salió, buscando un teléfono. Desde arriba se lo escuchaba hablando en frases cortadas con Alejandro, un vampiro del clan que además era médico, profesión poco común para un vampiro, pero muy útil en determinadas ocasiones.
El doctor no tardó en aparecer. Mientras esperaban, Vicky había cambiado a Sybilla de ropa, quitándole la camisa negra hecha jirones que llevaba puesta y poniéndole un vestido que le permitiría al hombre trabajar con comodidad. Ya que estaba, había examinado ella misma las heridas, tratando de limpiarlas: parecían impactos de balas. ¿Qué tipo de munición podrían haber usado que le causara un daño tal a un vampiro? Tendría que esperar a que Alejandro terminara de trabajar para averiguarlo.

Unas horas más tarde, el médico vampiro bajaba las escaleras para unirse a ellos, que esperaban ansiosamente en el living, incapaces de dormir a pesar del cansancio. Tom se puso de pie al verlo bajar, incapaz de articular palabra.
– Va a estar bien – dijo el hombre, tranquilizándolo –. Ninguna de las heridas fue en una zona de riesgo. Tiene que descansar y reponerse. Está muy débil. Pero no hay nada de que preocuparse.
– ¿Qué fue…? – empezó a preguntar Vicky, no muy segura de cómo formular la pregunta.
Alejandro la miró, y luego a Tom. Sacó algo pequeño de un bolsillo y se lo alcanzó al hombre: 3 balas.
– Estas tres las tenía ella – le dijo.
Tom las examinó con curiosidad.
– Jamás había visto algo así – dijo.
El otro se tomó un momento antes de contestar, como si no estuviera muy seguro de querer hacerlo.
– Yo sí – le dijo finalmente, sacando una bolsita de plástico pequeña del bolsillo y alcanzándosela. Había un pequeño cartel blanco en la bolsa, con un nombre escrito, pero Vicky no llegaba a leer que decía y la mente de ambos hombres le resultaba impenetrable a esa altura.
– ¿Ella está consciente? – preguntó Tom, indicando hacia arriba para referirse a su hermana. Alejandro negó con la cabeza. Luego, dijo algo acerca de no tener nada más que hacer y que no dudaran en llamarlo si lo necesitaban y se fue.
– Pueden dormir en la otra habitación si quieren – les dijo Tom a Zach y Vicky –. Sybilla está en la cama de Vicky así que no hay otra opción de todos modos. Yo me quedo acá abajo.
Ambos asintieron. De todos modos, no podían hacer más hasta que la mujer se despertara.

Cuando despertaron, era casi mediodía. Vicky caminó por el pasillo hasta su habitación mientras Zach se lavaba la cara en el baño. Le sorprendió encontrar el lugar vacío. Siguió caminando hacia la planta baja y se encontró a su padre al teléfono, yendo y viniendo en el living.
– ¿Qué pasa? – le preguntó, confundida – ¿Dónde está Sybilla?
Su padre cortó el teléfono y suspiró.
– Tenía algo importante que hacer. Prepárense, tenemos una reunión urgente con el clan y Seth Blackeney. Les explico todo mientras vamos para allá.

20 sept 2012

Cazadores: Michelle. Parte 39.


VICKY

La casa había estado llena de gente que iba y venía todo el día. Milena y William habían pasado con ellos la mayor parte de la tarde y Michelle se había quedado también la mayor parte del tiempo. Zach y Liz habían ofrecido quedarse durante la noche, pero Vicky les había dicho que no era necesario y luego de mucho discutirlo los había convencido. Necesitaba un tiempo sola consigo misma. Y otro tiempo sola con su padre, para poder hablar. Lo había meditado mucho. Las cosas no serían fáciles de ahora en más. Lo sabía con claridad. Necesitaba encontrar la forma de superarlo.
– ¿Podemos hablar? – le preguntó con un dejo de timidez a su padre, sacándolo del ensoñamiento en el que estaba desde hacía horas, sentado en la mesa del comedor.
– ¿Qué pasa? – preguntó el hombre esforzándose por enfocarse en ella.
Vicky se sentó frente a él, buscando las mejores palabras para expresar lo que quería decir.
– Mirá… Yo sé que los últimos años no fueron fáciles. Para ninguno de nosotros. Y sé que en muchas ocasiones me enojé con vos y tuvimos problemas, porque te fuiste y todo eso. Pero…
Vicky hizo una pausa. Sus ojos se encontraron con los de su padre, gris con gris. Quien no los conociera hubiera pensado que eran hermanos.
– ¿Pero qué?
– Pero si ahora necesitas irte, por un tiempo al menos… yo lo voy a entender. Y no me voy a enojar con vos por eso.
– ¡Vicky!
– Quería que lo supieras para que no te sintieras mal si se te cruzaba por la mente – siguió ella, cada vez más rápido, sin dejarlo hablar –. Yo voy a estar bien y no voy a estar sola. Está el tío Will y Mile, están Zach y Liz y Loo y… quién sabe, si te descuidas hasta Sybilla. Yo te entiendo si necesitas un tiempo.
Vicky extendió su mano a través de la mesa. Tom la tomó entre las suyas con fuerza, emocionado y triste a la vez. Las lágrimas se agolpaban en los ojos de ambos.
– Gracias – le dijo él con un hilo de voz –. No sé que va a pasar en un tiempo. Pero por el momento puedo asegurarte que no pienso ir a ningún lado.
Mientras hablaba, el rostro de Tom fue transformándose. De a poco, cierta seguridad fue apareciendo en él y la fuerza de una decisión.
– Hasta que esta guerra no haya terminado y pueda asegurarme de que nadie más va a salir herido por ella no pienso irme a ningún lado.
Vicky asintió. Suponía saber que era lo que sucedería. Unos minutos más tarde, como había previsto, su padre hablaba por teléfono con William. Acababa de llamar una reunión de clan, para todos los miembros sin excepción.

TOM

El clan casi al completo estaba frente a él, sentados o de pié, en un semicírculo, la mirada fija en él. Los rostros eran lúgubres y era evidente que ninguno sabía que esperar de aquella reunión. Tom llevaba todo el día meditándolo y por fin había arribado a una decisión. El único problema era que no estaba seguro de que su gente estuviera dispuesta a seguirlo. Sus ojos recorrieron los rostros de todos. Vicky parecía impaciente y desconcertada. Will y Milena no parecían muy diferentes. La única que parecía tranquila y firme era Louisa. Probablemente ya sabía que era lo que se venía, pensó incapaz de reprimir el esbozo de una sonrisa.
– Los reuní porque hay un asunto muy importante que discutir – empezó a hablar, juntando coraje.
La sala permaneció un momento en silencio. El ambiente empezó a ponerse tenso.
– Yo sé que muchos vinimos al nuevo mundo en busca de paz, tratando de escapar de las guerras que asolaban a nuestros clanes. La guerra entre los Blackeney y los Rose, principalmente. Pero esta guerra ya nos arrebató demasiado a muchos de nosotros y creo que no podemos seguir manteniéndonos a un lado. Yo, al menos, no puedo – Tom hizo una pausa, buscando la mejor forma de decir lo que tenía en la cabeza. Un leve murmullo empezó a escucharse en la sala –. Por lo tanto, creo que llegó la hora de intervenir…
El murmullo se convirtió en bullicio. Louisa, Will y Vicky eran los únicos que se mantenían en silencio; eran los únicos que comprendían el porque de su decisión y no la cuestionaban, al parecer. Mientras su mirada recorría nuevamente los rostros de los presentes, notó una ausencia que antes había pasado por alto. No lo sorprendía, pero una parte suya esperaba que las cosas hubieran cambiado.
Sabiendo que era hora de volver a intervenir, de explicarse un poco más, hizo un gesto indicando que volvería a hablar. Todos fueron haciendo silencio de a poco.
– Es cierto que vinimos para evitar la guerra, para protegernos; para asegurarnos de que no volvería a pasarnos lo que ya nos había pasado antes. ¿Pero cuántos de nosotros perdimos a alguien por culpa de esta guerra? Una guerra que no es nuestra y en la que nunca quisimos intervenir. Esto no es solo porque quien falleció es Cassandra. No es porque ella fuera mi esposa. Sería igual si fuera cualquier otro miembro de este clan. Esto es porque los Rose y James Blackeney, movidos por su codicia, van a arrasar con todo aquel que se ponga en su camino. Es porque ya somos parte de su lista de blancos, solo por ser aliados de su enemigo. Si permanecemos como hasta ahora lo único que vamos a lograr es que maten a más inocentes. Es hora de intervenir. Es hora de que esta guerra sin sentido llegue a su fin. No les pido que me acompañen si no quieren. Aquellos que no quieran ser parte de esto son libres de hacerlo. Pueden elegir un nuevo líder; pueden irse. Son libres de hacer lo que quieran. Esta es mí decisión y de nadie más. No voy a arrastrar a nadie a una guerra que no quieren. Pero sean conscientes de que tarde o temprano podría llegar a alcanzarlos.
El murmullo volvió a formarse. Tom suspiró.
– Solo les pido que cuando lo hayan decidido me lo hagan saber – dijo, finalmente. Luego dio media vuelta y salió de la habitación, dejando que los miembros del clan debatieran.
Un momento más tarde, Louisa estaba junto a él.
– ¿No vas a intervenir? – le preguntó.
– Ya dije todo lo que tenía que decir – respondió ella –. Todos saben que voy a seguirte sin importar a donde sea. Mi lealtad no se negocia.
– No estás obligada…
– No es una cuestión de obligaciones – interrumpió ella –. Es lo que creo correcto.
Él asintió en agradecimiento. Ella esbozó una sonrisa.
– Así que Sybilla desapareció de nuevo – dijo él con voz monótona.
Un dejo de dolor apareció en el rostro de la otra. Desvió la mirada al contestar, los ojos fijos en un punto distante.
– Así parece. Se pasó todo el día acá, haciendo vaya a saber qué. Supuse que iba a seguir acá… No sé a donde se fue.
Ninguno de los dos dijo más nada. Zach y Vicky cruzaron la puerta y, un momento más tarde, también lo hicieron Will y Milena. Tom los observó en silencio, la mirada sombría. Lo último que quería era arrastrarlos a aquella guerra. Si perdía a uno más, no estaba seguro de poder tolerarlo. Especialmente a Vicky… pero no tenía otra opción: James los había elegido como blancos y si no lo detenían aquello no acabaría jamás. Y, después de todo, que James siguiera con vida era su responsabilidad.

10 sept 2012

Cazadores: Michelle. Parte 36.


TOM

Sybilla le estaba dando dolor de cabeza. Jamás había tenido una buena relación con su hermana. No la culpaba demasiado: novecientos años era mucha diferencia. Pero de todos modos… en el fondo, sentía que ella nunca se había esforzado demasiado por que las cosas entre ellos funcionaran. Por mucho tiempo no le había afectado: pronto fue claro que sus valores eran totalmente incompatibles. Ahora, ella estaba en su territorio, no podía desentenderse del asunto. Pero no tenía la menor idea de cómo lidiar con ella. Especialmente, porque no tenía la menor idea de que era lo que buscaba en el nuevo mundo.
– ¿Qué pasa? – le preguntó Seth, que se había detenido frente a la puerta para salir cuando había sonado el teléfono.
Tom suspiró antes de pronunciar el nombre de su hermana. El otro palideció, lo que le provocó un ataque de risa. La historia de aquellos dos era muy anterior a su nacimiento, antes de que los caminos de Seth y Michelle se cruzaran. Sybilla jamás había podido perdonarle aquello, aunque estaba seguro de que su hermana estaba exagerando.
– ¿Qué hace Sybilla acá? – le preguntó su amigo mientras salían, recobrándose de la impresión.
– Eso es exactamente lo que nos preguntamos todos – respondió él. Le comentó como había aparecido hacía aproximadamente un mes y medio, la escena con Vicky y Milena. Después de eso había aparecido un par de veces. La situación más incómoda había sido cuando Louisa se había enterado. Estaba indignada. Lo único que había podido hacer era mantener a las dos mujeres alejadas.
Pero ahora tenía problemas serios. No tenía tiempo para lidiar con su hermana.
Mientras hablaba de todo aquello, habían llegado a la puerta de su casa. Como si lo supieran, la puerta se abrió justo frente a ellos: Vicky les dio la bienvenida con una expresión de fastidio. Se sintió aliviado al verla. Cassandra le había contado lo que había sucedido el día anterior y se había quedado algo preocupado.
Su mujer le dedicó una sonrisa desde unos metros más atrás. No había puesto un paso en el interior de la casa, sin embargo, cuando su hermana se le abalanzó, hablando con autoritarismo y sin siquiera saludarlo.
– Recibí una llamada de nuestros padres con noticias alarmantes – dijo –. Y más te vale que me escuches con atención y hagas exactamente lo que yo te diga.
– Este es mi territorio, y yo hago lo que quiero, no lo que vos digas – rugió él. Aquello le estaba desbordando la paciencia.
– Se acerca una guerra – siguió hablando la mujer como si no lo hubiera escuchado – y no estás eligiendo precisamente las mejores amistades.
Al decir aquello, paseó la mirada por Michelle a un lado y por Seth al otro, quien aún permanecía junto a la puerta abierta, sorprendido por como actuaba la mujer.
Tom estaba por contestar cuando comenzó el caos. Escuchó un ruido ensordecedor que provenía desde afuera. Inmediatamente, Sybilla salió corriendo por la puerta a toda velocidad, más rápida de lo que cualquier ojo humano podría haber percibido. Tom la hubiera seguido, pero estaba demasiado aturdido. No podía creer lo que le mostraban sus ojos.

VICKY

Algo voló frente a sus ojos. Vicky lo siguió con la mirada, intentando descifrar de qué se trataba. El disparo había sonado distante, casi irreal. Por eso, al verla caer, todo tomo un aire casi surreal, imaginario. Nada de aquello podía estar sucediendo. Cassandra se desplomó sobre el suelo mientras su pecho se teñía de rojo. Sus ojos solo expresaban la sorpresa del impacto.
Tom se abalanzó sobre ella intentando sostenerla, frenar su caída, como si con ello pudiera evitar lo inevitable. Comprendió que Sybilla había ido tras el agresor, lo percibió en sus pensamientos, como si la mujer lo hubiera proyectado. Pero el daño ya estaba hecho. La mente de su madre se desvaneció sin que pudiera hacer nada. La vida se le escurrió como agua entre las manos. Su padre intentaba en vano hacerla reaccionar, hacerla beber de su sangre con la esperanza de que esta reparara el daño. Pero ella lo sabía, su madre se había ido. A su lado, Zach la abrazaba, intentando sostenerla. Las piernas se le habían vuelto de gelatina y todo era confuso. Ni siquiera fue realmente consciente de cuando fue el momento en que había empezado a gritar.

6 sept 2012

Cazadores: Michelle. Parte 35: Vicky.


– Mi mamá debe estar histérica – comentó Vicky monótonamente mientras jugueteaba con el juego de llaves que tenía en el bolsillo. Zach y Liz esbozaron una sonrisa, tratando de consolarla. Estaban a una cuadra de la casa. Hacía un rato que había empezado a ponerse nerviosa, temerosa de lo que pudiera pasar al llegar. No se había ido de la mejor manera, y hacía más de un día de eso.
Al llegar a la puerta, sin embargo, sus preocupaciones quedaron a un lado, reemplazadas por otras. Zach se puso tenso al ver lo que ella: a pocos metros, caminando en silencio, se acercaba Sybilla.
Su rostro era serio, pálido como el mármol, y contrastaba notablemente con su cabello y su ropa, nuevamente toda de color negro. Había una nota de formalidad en su forma de vestir que hacía imposible determinar su edad, pero que daba la sensación de estar viendo a una anciana o una viuda. Tal vez fuera la falta de colores. Tal vez fuera otra cosa. Sus ojos grises estaban vacíos, carentes de toda emoción. La mujer le parecía una estatua de piedra viviente y esto le provocaba un gran rechazo.
– ¿Tom está? – preguntó sin siquiera saludar.
Vicky sintió como si un interruptor se activara dentro suyo, haciendo surgir toda su hostilidad.
– Como verás, no tengo forma de saberlo – respondió –, ya que yo también acabo de llegar.
Zach apoyó la mano en su hombro, intentando calmarla. Vicky giró la llave en la cerradura y abrió la puerta, invitando a la mujer y luego a sus amigos a pasar.
– ¡Hola! – llamó en voz alta mientras cerraba. Cassandra se asomó desde la cocina. Al verla, Vicky volvió a sentir la tensión de un momento atrás. Sin mirar a su cuñada, la mujer se le acercó y la abrazó, pronunciando su nombre con alivio. No lo esperaba, por lo que tardó un momento en reaccionar, en devolverle el gesto. Ahora podía respirar con tranquilidad nuevamente. Tal vez…
– What the Hell!? – la voz de Sybilla devolvió a madre e hija a la realidad. La mirada de la mujer estaba en la escalera, por la cual bajaba una impasible Michelle.
– Sybilla – dijo la otra mientras quedaban cara a cara. La forma en que pronunció el nombre daba a entender que se habían conocido hacía mucho tiempo. Y, al parecer, su relación no era amistosa.
– ¿Qué hace ella acá? – preguntó la morocha, evidentemente molesta.
– Creo que la pregunta es que haces vos acá – retrucó la rubia antes de que Vicky pudiera contestar.
– Busco a mi hermano – fue la respuesta obvia.
– Tom no está – le dijo Cassandra entonces, tratando de cortar la tensión que había en el ambiente –. Fue a ver a Seth Blackeney.
Los ojos impasibles de Sybilla se iluminaron por un momento casi imperceptible al escuchar el nombre. A Michelle la recorrió un escalofrío. Era claro que aquel hombre era parte del pasado de ambas. Allí fue cuando Vicky comprendió que la diferencia de edad entre su padre y su tía era realmente abismal: para Seth nunca había habido ninguna mujer más que Michelle desde que la había conocido, y de eso hacía casi un milenio. La relación con su tía debía ser anterior. Sabía que él tenía casi cincuenta años al conocer a la muchacha… La otra debía tener, al menos, la misma edad. Eso explicaba su aspecto indescifrable, suponía.
Sin quererlo, Cassandra había vuelto el ambiente aún más tenso. Zach y Liz miraban a todas las mujeres sin saber que hacer o decir. Vicky meditó un momento. Le pidió el celular a su novio y marcó de memoria el número de su padre:
– Sybilla está buscándote – le dijo en cuanto el hombre atendió. Siguiendo su indicación, le pasó el teléfono a la mujer, que se alejó del grupo para hablar tranquila.
Michelle la siguió con la mirada hasta que desapareció detrás del arco del comedor. Luego posó sus ojos en ella y forzó una sonrisa:
– Me alegra que hayas vuelto – le dijo con sinceridad.
Vicky le sonrió.
– Ellos son Zach y Liz – presentó luego. Zach le extendió la mano, que ella estrechó con fuerza mientras lo estudiaba de pies a cabeza. Su mente, demasiado humana a pesar de los siglos, dejaba escapar algunos pensamientos que Vicky no pudo evitar captar (y que él también pudo percibir, seguramente). Michelle estaba azorada con la transformación que ambos habían sufrido.
Cuando se acercó a Liz, la expresión en el rostro de la mujer cambió notablemente. Hacía mucho que no tenía relación con cazadores. Sus ojos buscaron en la chica cada rasgo característico de los suyos y se sorprendió al encontrar tan poco en ella.
– Liz es una cazadora solo por parte de su madre – explicó Vicky, percibiendo su confusión. Zach sonrió: él también la había captado. La muchacha se ruborizó con solo escuchar su nombre y se escondió detrás de su cabello, que le cayó sobre el rostro como una cortina de oro pálido.
– Vicky me habló mucho de ustedes – les dijo Michelle entonces con una sonrisa –. Yo soy Michelle Rose.
Zach asintió, como quien conoce el nombre. La realidad era que Vicky apenas había tenido tiempo de hablarles de la mujer antes de ir hacia su casa, pero era probable que él hubiera escuchado el nombre en alguna reunión del clan. O en la mente de alguien. No tuvo oportunidad de aclararlo, de todos modos, porque Sybilla regresó al living con el teléfono en la mano.
– Tom y Seth están viniendo para acá – dijo, devolviéndole el aparato a su dueño.

27 ago 2012

Cazadores: Michelle. Parte 32: Vicky.



Hacía rato que había caído la noche, cosa que pasaba relativamente temprano en aquella época del año. Ya tenía la ropa húmeda por el rocío. Aún así, no se había movido de allí en horas. Luego de vagar sin rumbo, sus pies la habían llevado, como muchas otras veces, hasta la casa de Zach. Había visto a Liz y Dylan a través de la ventana. Los hermanos hablaban en la cocina. La mesa estaba tapizada de papeles: apuntes. Era época de exámenes. Si no hubiera sido por todo lo que estaba pasando, ella también hubiera estado estudiando. Probablemente, estarían las dos juntas en aquella cocina o en la de su casa. Pero hacía rato que ella y Liz no hablaban. No había vuelto a clases desde aquel día en que había presentido aquel pensamiento. No sabía como mirarla a los ojos luego de aquello.
Una parte suya quería hablar con Zach, verlo. Otra temía que aquel odio siguiera en él, en sus palabras. No creía poder tolerarlo. Casi sin pensarlo, había trepado al techo, tal como lo había hecho una vez hacia un tiempo, para evitar que escapara de su casa y pusiera su vida en peligro. Pero no había entrado. Simplemente se había sentado a un costado, donde nadie pudiera verla desde adentro ni desde la vereda, y se había quedado allí, con la mente lo más en blanco que había sido capaz, intentando aislarse del mundo.
No se había dado cuenta de que había alguien en la habitación. Ni siquiera se había dado cuenta de que la luz estaba prendida, hasta que lo escuchó hablarle. Zach estaba en la ventana, la vista al frente. Evidentemente la había abierto para cerrar el postigo y la había visto allí sentada. O quizá solo la había percibido.
– ¿Pensás quedarte ahí toda la noche o vas a entrar? – le preguntó con voz monótona – Estuviste ahí toda la tarde.
Luego de decir eso, el muchacho volvió para adentro. La ventana quedó abierta de par en par, esperándola. Vicky dudó un momento, incapaz de decidir que hacer. Tomó aire y se puso de pie, algo asustada. Después entró, cerrando la ventana a su espalda para que no entrara el frío del exterior. Cuando dio media vuelta, se encontró con los ojos verdosos de Zach que la miraban fijamente. Un escalofrío la recorrió de pies a cabeza. De pronto tuvo terror de lo que fuera a decirle el muchacho.
– ¿Cómo estas? – le preguntó con un hilo de voz.
El levantó los hombros como diciendo: yo que sé.
– He estado peor – le contestó con un dejo de ironía en la voz. Estaba tenso y se le notaba a la legua.
Ella esbozó una sonrisa que se desvaneció de sus labios antes de  terminar de formarse. Sin darse cuenta de cuando había empezado, descubrió que estaba llorando. El cuerpo empezó a temblarle y sintió que se caía, que las piernas no la sostenían. Zach se acercó a ella, visiblemente preocupado, y la atajó de camino al suelo. Los dos quedaron de rodillas en el piso, sus rostros frente a frente, y él la sostenía contra su cuerpo, intentando contenerla mientras la llamaba una y otra vez por su nombre.
– Vicky, tranquila. ¿Qué pasa? – le decía, acariciándola y buscando sus ojos con la mirada. Podía sentirlo en su mente, también, aterrado, preguntándole que le pasaba, intentando calmarla. Pero por más que lo intentaba, no lograba que de sus labios escaparan más que balbuceos.
– Tranquila – volvió a decirle el muchacho con dulzura, rodeándola con sus brazos y dejándola descansar sobre su pecho como si no fuera más que una niña pequeña. Su corazón latía con el ritmo propio de un vampiro, lento pero constante. Concentrada solo en aquel sonido que retumbaba en sus oídos, de a poco, logró serenarse, retomar el control. Él no dejaba de acariciarla, de susurrarle al oído que se tranquilizara, que estaba a su lado. Tomando aire como si este pudiera darle fuerza, Vicky logró erguirse, aunque prefirió no ponerse de pie por miedo a que aquel temblor incontrolable la invadiera de nuevo y volviera a caer. Sus ojos buscaron los de Zach un momento, pero descubrió que no podía sostenerle la mirada mientras hablaba, mientras le contaba lo que había sucedido aquella mañana con sus tíos y su madre, sobre lo que había pasado la noche anterior con Nicanor. Estaba demasiado avergonzada y tenía demasiado miedo de que su rostro le devolviera el terror que había sentido en su madre o el rechazo que había sentido en muchos de los otros vampiros del clan.
Zach le rodeó el rostro con las manos y la obligó a mirarlo a la cara. En sus ojos no había más que dolor y angustia. Muy pocas veces lo había visto así. Su voz se ahogó en su garganta al tratar de hablarle. Sin soltarla, el muchacho tomó aire y lucho consigo mismo para poder hablar, para lograr que las palabras salieran a la luz:
– Va a estar todo bien. De alguna forma vamos a encontrar como superar todo esto.
A pesar de su angustia, Vicky no logró disimular la sorpresa en su mirada. Si bien en el fondo de su alma deseaba escuchar aquello, no era lo que esperaba. Probablemente estuviera proyectando lo que sentía, porque Zach pareció percibir su confusión.
El muchacho bajó la mirada un momento, avergonzado. Luego volvió a alzarla, buscando sus ojos y las palabras correctas:
– No debería haberte dicho nada de todo eso. No era mi intención. Quería que habláramos, que estuviéramos bien. Pero todo este tiempo tuve miedo de que, cuando estuviéramos de nuevo cara a cara, me saliera toda esta furia de adentro de nuevo. Yo… no sé de donde sale todo esto. Pero no sos vos, no es tu culpa que esté pasando esto y yo no debería haberte dicho nada de todo eso.
Vicky ahogó un sollozo antes de contestar.
– Pero… pero sí es mi culpa. Yo te hice esto. Yo te convertí en esto, sabiendo que lo odiabas.
– Vicky, no – exclamó Zach, tomándole nuevamente el rostro entre las manos y obligándola a mirarlo –. No digas eso porque no es así. Si no fuera por vos estaría muerto.
– Pero fue mi ex novio el que te mató, en primer lugar, si no te acordás – dijo ella con amargura.
Zach reprimió una risita. Por primera vez parecía él mismo nuevamente.
– Eso es culpa mía por meterme con la ex de un vampiro. ¿No te parece? Yo creo que me lo busqué. Y, además, voy a recordarte yo a vos que yo accedí a que hicieras esto.
– Pero dijiste que no querías ser un monstruo y eso es exactamente en lo que nos convertí a los dos.
– Pero más que nada lo que no quería era morir – le retrucó él, obligándola aún a mirarlo –. Sé que esto no está siendo fácil para ninguno de los dos, pero no creo que sea el momento para darnos por vencidos.
Vicky comenzó a llorar nuevamente, escondiendo el rostro entre sus brazos, acurrucándose nuevamente sobre su pecho como una niña.
– Yo nunca quise que las cosas fueran así – susurró en un hilo de voz.
– Ya lo sé – le dijo él –. Pero así es como son y tenemos que aprender a lidiar con esto. Y tenemos que reconciliarnos con lo que somos. Ya lo hiciste una vez, vos misma me lo mostraste aquella noche. Juntos podemos lograrlo otra vez. Los dos.
Vicky recordó casi inmediatamente aquella noche. No había podido evitarlo. Las imágenes habían sido incontrolables: estaba demasiado cansada y asustada como para detenerlas. Zach había visto tantas cosas, pero principalmente había podido percibir su desolación, su miedo y su odio hacia sí misma, hacia lo que era y siempre había sido. Él había visto cuando le había costado reconciliarse con lo que había sido siempre y no podía evitar. Tal vez tuviera razón: tal vez podían superarlo, volver a reconciliarse con su nueva realidad. Volver a estar bien.
Zach le sonrió. Sin lugar a dudas estaba percibiendo todo lo que ella estaba pensando. A ella jamás le había pasado de percibir lo que pensaba un vampiro, pero ella misma debía estar proyectándolo. Estaba cansada. Llevaba mucho tiempo sin dormir y la tristeza y el miedo estaban consumiéndola.
– Va a estar todo bien – le dijo Zach, llevando su rostro hacia el de él y besándola con dulzura. Dos palabras resonaron en su mente un momento, sorprendiéndola. Cuando se separaron y sus miradas se encontraron, sus ojos buscaron en él una respuesta. ¿Había sido real? Su respiración se había acelerado. Él le sonrió.
– ¿Qué? – preguntó ella en un susurro.
– Que te amo – dijo él en voz alta, volviendo a besarla.

16 ago 2012

Cazadores: Michelle. Parte 29: Vicky.


– Hay una explicación para eso – dijo Tom, intentando recobrar la compostura. Ni bien Michelle había mencionado a James, el hombre había dejado escapar un improperio atrás de otro. Todas lo habían mirado con sorpresa. Rara vez reaccionaba de ese modo.
– La espero ansiosamente – respondió Michelle, evidentemente molesta.
Vicky no necesitaba oír esa historia, aunque no se suponía que debiera saberla tampoco. Pero había cosas que era imposible ocultarle desde hacía mucho tiempo y muy poco tenía que ver su recientemente adquirida habilidad con ello.
Poco después de que Michelle se fuera, cuando la relación entre William y Tom había vuelto a ser la de toda la vida, su padre había desaparecido. No habían sido más que unos meses, pero había sido tiempo suficiente para dejar al clan en estado de caos. Era la primera vez que Will se hacía cargo del clan y su falta de experiencia era notoria. No era la primera vez que Tom desaparecía por un corto período de tiempo. Hacía rato que Vicky y Cassandra habían asumido que sería así toda la vida; o, al menos, mientras esta última siguiera siendo mortal. Todos sabían lo difícil que era para un inmortal ver a la persona que amaba envejecer lentamente para algún día morir y no poder hacer nada al respecto, principalmente porque así lo había decidido ella.
No había pasado demasiado de eso cuando, de algún modo que nunca había terminado de quedar demasiado claro, James, quien esperaba que se cumpliera su condena, había escapado. Lo que sí era claro es que había tenido ayuda, probablemente de algún amigo o seguidor fiel: alguien que consideraba que no debía morir. Por mucho que había intentado, William había sido incapaz de encontrarlo. Para cuando Tom había regresado, no había nada que hacer. James había desaparecido completamente.
La noticia de que se había aliado con sus enemigos de toda la vida no le resultó una sorpresa a Vicky y, al parecer, tampoco a su madre. Para Tom, sin embargo, había sido claramente un golpe que no esperaba. Tal vez porque Sybilla había intentado avisarle y él no la había escuchado. No sabía muy bien de que había hablado la mujer con su padre, pero cada vez era más claro que no había estado tan errada en lo que fuera que había dicho.
– Es decir que James sigue vivo por tu irresponsabilidad – concluyó Michelle con dureza.
– Sí – reconoció él, bajando la mirada como avergonzado. Por primera vez desde que se conocían, Tom parecía mucho menor que ella, casi como un niño.
Luego de eso se hizo un prolongado e incómodo silencio. Inconscientemente, Michelle comenzó a juguetear con una cadena que le colgaba del cuello y permanecía oculta debajo de su ropa. Notándolo, Vicky no pudo evitar fijarse en el detalle. De la cadena colgaba un anillo de aspecto antiguo, evidentemente hecho de oro. El diseño era tosco y demasiado grande para una mujer. Tenía una enorme piedra roja como la sangre con un diseño que no llegaba a distinguir entre los dedos de la mujer y, según como le daba la luz, también podía distinguir algunos destellos de verde.
– ¿Eso es lo que yo pienso que es? – preguntó el hombre un momento más tarde, notando también el objeto.
Michelle miró el anillo un momento. Luego, se quitó la cadena del cuello y lo sostuvo en la mano, libre. Después se lo alcanzó a Tom, que lo miró con asombro.
– Es el anillo de los Rose – dijo él casi sin aliento mientras lo sostenía en la mano, anonadado –. Solo el legítimo líder del clan Rose puede llevarlo.
– Ya lo sé – respondió Michelle. La tensión fue desapareciendo de a poco –. Harry me lo dio. Al principio se negó a creerme. Luego vio que yo tenía razón, que estaba en peligro, que Miles quería desplazarlo. Pero fue tan ingenuo que pensó que si no tenía el anillo, que si me lo legaba a mí, su hijo le perdonaría la vida, ya que el dejaría de ser un obstáculo en su camino al poder. Pero estaba equivocado. El chico no tenía ningún interés en perdonarle nada. Dejó que lo asesinaran sin piedad y ahora está buscándome, buscando el anillo, porque sin él muchos de sus hombres se niegan a seguirlo.
– ¿Y por eso viniste? ¿Pretendés que te protejamos, que te ocultemos? ¡Eso traería la guerra a nuestro territorio! ¡No puedo permitir algo así! – exclamó Tom con indignación.
– No – lo interrumpió ella, seria –, esa no es la razón por la que vine. Después de que mataran a Harry, escuché algo acerca de los planes de Miles y James. La guerra va a llegar al nuevo mundo te guste o no: ellos van a traerla. James planea usar a los hombres del clan Rose para asesinar a Seth. Todo esto no es más que una venganza para él. Y estoy segura de que una vez que se haya encargado de su hermano y de conseguir el liderazgo del clan, Jimmy va a venir por ustedes. Ya todos lo conocemos lo suficiente como para saber que él es así, que es capaz de hacer lo que te estoy diciendo y más. Vine porque hay que detenerlo y no conozco a nadie más que pueda ayudarme a hacerlo. Y… – Michelle bajó la mirada, avergonzada. Respiró profundo antes de terminar la frase – además, la sola idea de tener que ir a decirle todo esto a Seth, de tener que verlo y hablarle, me da escalofríos. 
Tom le devolvió el anillo mientras meditaba acerca de lo que la chica le había dicho. Ella lo tomó y se lo colgó nuevamente del cuello, escondiéndolo bajo sus prendas.
– Entonces va a ser mejor que vayamos ya mismo a hablar con él. Yo puedo decirle todo esto, pero necesito que estés ahí para confirmarlo. Y además tal vez ya sea hora de que ustedes dos tengan una conversación – dijo, poniéndose de pie. Michelle le sonrió, agradecida, siguiéndolo hacia la puerta.
– ¿Vienen? – les preguntó Tom a las otras dos mujeres. Cassandra estaba llevando los restos del desayuno a la cocina. Vicky permanecía en su lugar, seria. Algo más había llamado su atención: hacía varios minutos que un grupo de personas se debatía en la puerta de su casa, decidiendo si llamar o no. Sus mentes no eran claras como el agua, pero su indecisión y su miedo eran demasiado notorios y superficiales como para escapársele. Ya no le quedaba ninguna duda acerca de su identidad.
– Me temo que mamá y yo tenemos que atender algunas visitas – dijo sin levantar la vista de la mesa. Todos la miraron, interrogantes. Mientras Tom abría la puerta, más por reflejo que por conciencia, dos figuras se acercaron, dispuestas, por fin, a llamar. Sus miradas se encontraron con sorpresa, aunque no con agrado. Las miradas de Cassandra y Vicky también se encontraron entonces, mientras la chica hablaba nuevamente:
– En la puerta están tu cuñada y tu hermano – le dijo con voz monótona.

9 ago 2012

Cazadores: Michelle. Parte 27: Vicky.


No estaba muy segura de cómo es que había soltado a su primo. Solo recordaba con claridad haber perdido el control y luego recobrar la calma, saciada con la sangre dulce del cazador. Al recobrar la conciencia, Loo y Milena estaban a su lado, y el muchacho estaba en el suelo hecho un ovillo. Sabía que estaba vivo: podía percibir sus pensamientos confusos y desordenados, el latido de su corazón acelerado por el miedo y su respiración agitada. Sentía el aroma de su transpiración y de sus lágrimas y podía percibir en él el terror a la muerte y a lo desconocido.
Al ver que la muchacha había vuelto en sí, Milena había empezado a dar instrucciones. Dos vampiros levantaron a Nicanor del suelo y se lo llevaron en silencio. Luego la chica volvió al interior sin dirigirle siquiera una mirada. Había sido solo un instante, pero Vicky había podido ver el miedo presente en sus ojos y sabía que la mayor parte de quienes habían presenciado la escena sentían lo mismo. No fue hasta que todos hubieron desaparecido que Louisa habló:
– ¿Estás bien? – le preguntó. Curiosamente, ni sus ojos ni su voz expresaban miedo.
– No lo sé – respondió Vicky, luego de meditarlo un momento –. Ni siquiera estoy muy segura de que fue lo que pasó. Fue como si… como si alguien más hubiera estado controlando mi cuerpo. Sentí que yo era un simple testigo, que veía lo que pasaba desde adentro, pero no tomaba ninguna decisión. Nunca en mi vida me había pasado algo así.
Loo sonrió.
– Yo sé lo que viste en su mente – le dijo, después –. En cuanto lo vi entrar supe que era para problemas. Pero nunca pensé que pudiera ser tan… Que pudiera tener tanto odio y tanto rencor adentro. Hay cazadores que nos tienen desconfianza, pero esto… esto es un odio visceral, enfermo. Y está tan descontrolado que no puede evitar proyectarlo como un misil. Cualquier mente capaz de percibir un pensamiento puede sentirlo. Y sin importar cuanto lo intentes, es casi imposible desviarlo.
– ¿Pero qué fue lo que me pasó? Yo… perdí el control.
Louisa asintió con un dejo de sonrisa en el rostro, una muestra de empatía.
– Lo que Zach y vos están pasando es muy parecido a lo que pasamos los hijos de la noche al transformarnos. El proceso lleva un tiempo, aunque no tanto. Y, por algún motivo, algunos de los síntomas parecen magnificarse en ustedes. Es necesario que aprendan a controlarlo, o sus instintos van a terminar controlándolos a ustedes y esto es solo una muestra de lo que podría llegar a pasar.
– ¿Zach? ¿A él le pasó esto también?
Vicky tuvo que hacer un gran esfuerzo para que pronunciar su nombre no le diera una puntada de dolor, pero necesitaba saber.
– No exactamente así – respondió la mujer con un dejo de una sonrisa –. Lo que él me contó no fue tan terrible. Pero vos deberías saberlo: estaban juntos cuando pasó.
Por un momento pensó que no podría contener las ganas de largarse a llorar. Lousia posó su mano sobre su hombro intentando confortarla.
– Va a ser mejor que vayas para tu casa. Tratá de descansar, de despejarte. Hacé lo que te enseñé. Cuando te sientas mejor, llamame.
Vicky asintió en silencio. Loo la miró fijamente un momento y luego se dirigió a la puerta, nuevamente al interior.
– Si en unos días no sé nada de vos, sabés que voy a pasar a buscarte – le dijo antes de entrar con total seriedad. Vicky volvió a asentir, aunque sabía que no la veía. Luego, lentamente, fue caminando hacia su casa. Una vez que entró en su habitación, descubrió que estaba demasiado inquieta como para dormir así que, haciendo uso de todo el autocontrol del que fue capaz, se dispuso a practicar los ejercicios de meditación que Louisa le había enseñado. No llevaba demasiado en ello cuando sintió que alguien llamaba a la puerta. Al bajar y abrirla, curiosa por saber quien era ya que no podía percibir nada en la mente del visitante, se encontró cara a cara con la persona que menos esperaba encontrarse, pero a la que más deseaba ver (después de Zach): Michelle.

6 ago 2012

Cazadores: Michelle. Parte 26: Vicky.




Lo último que quería era estar allí, rodeada de gente, de pensamientos ajenos, aturdida por las voces y el ensordecedor retumbe de la música. Si el temblor de sus manos no se hubiera vuelto tan incontrolable, se hubiera quedado en su casa. Milena la había recibido con un gesto alarmado. Aquella expresión se había vuelto demasiado normal en su rostro frente a ella y sabía a la perfección por qué era: su prima temía el regreso de la vieja Vicky. Lamentablemente, no había mucho que pudiera hacer para cambiarlo. Nuevamente se sentía sola, sin nadie a quien recurrir realmente. Milena y ella cada día tenían menos cosas en común. En toda su vida, solo dos personas la habían hecho sentir mejor, sentir que no estaba sola, que no era la única… Una de esas personas la odiaba con todo sus ser y no podía culparle por ello. Había sido muy egoísta al transformar a Zach. Él no había tenido opción, no realmente y si bien había accedido, ninguna decisión tomada en el lecho de muerte es realmente válida, menos una como esa. Él siempre había odiado a los vampiros, había detestado la idea de ser uno. Era comprensible que se aborreciera a sí mismo. Era comprensible que la aborreciera a ella por convertirlo en su igual, en un monstruo.
El recuerdo de la otra persona la llenó de nostalgia un momento. ¿Qué sería de Michelle después de todos esos años? Ni siquiera tenía garantía de que la muchacha la recordara. Lo más probable era que su amnesia la hubiera dejado perdida nuevamente en algún lugar del mundo, sola. Como ella. En aquel momento, la idea de poder olvidar absolutamente toda su vida le parecía demasiado tentadora. Quizás… quizás era hora de dejar que la vieja Vicky regresara. Quizás era hora de averiguar definitivamente cuanto tiempo podía durar sin sangre luego de su transformación. Los plazos habían cambiado, aunque no mucho. ¿Cuánto tiempo le tomaría consumirse hasta que su mente perdiera noción del mundo y de su existencia? ¿Cuánto hasta no poder volver a levantarse? ¿Cuánto hasta morir?
Sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor, casi como una autómata, se encaminó hacia la puerta. Estaba a punto de alcanzarla cuando una figura se interpuso en su camino. Estaba tan ausente que le tomó un momento reconocer al muchacho que tenía frente a sus ojos.
– ¿Te vas sin saludar, primita? – le preguntó Nicanor con fingido interés. Sus ojos tenían un brillo vidrioso que daba a entender lo que su aliento confirmaba: había estado tomando y mucho. Si alguna vez su primo se podría haber inhibido por algo, cosa que consideraba poco probable, aquel no sería el momento. Vicky le lanzó una mirada fulminante. Sabía que sus ojos tenían el brillo propio de una pequeña llama, como un encendedor prendido en la penumbra. La sed le pulsaba en el fondo de la garganta y el dolor de cabeza se había vuelto un latido incesante sobre su sien.
– ¿Qué hacés acá? – le preguntó entre dientes. El hedor de su transpiración exudando alcohol le invadió las fosas nasales. Podía sentir como cada centímetro de su cuerpo se ponía tenso mientras el muchacho la observaba con su sonrisa burlona. Sus pensamientos eran una masa confusa de insultos e improperios. Nicanor despreciaba a su prima tanto o más que al resto de los vampiros por ser lo que era: la contaminación de su sangre, una vergüenza familiar. Pero más la odiaba por ser la confirmación de lo que muchos cazadores se negaban a reconocer, el hecho que el mismo Zach se había negado a aceptar en un principio: que ellos también descendían de los vampiros, que la sangre de unos corría por las venas de los otros. Pero un rencor más envenenaba la mente del muchacho, un hecho que nadie en su círculo familiar podía aceptar ni comprender y que probablemente jamás le pudieran perdonar: el hecho de que, a pesar de lo que era, a pesar de la abominación que había sido desde el momento mismo de nacer, aunque toda la familia se había opuesto desde un principio a la relación de Cassandra, por aquel entonces una adolescente, con Tomas Collin, un vampiro, en el momento de ver a la niña, Mónica y Gabriel no solo habían perdonado a su hija su traición sino que además habían aceptado al pequeño monstruo como su nieta y le habían dado su protección. Para todos ellos eso implicaba que no podían hacerle daño a la criatura, que debían contentarse con verla crecer, alimentarse de los humanos como si fueran bolsas de sangre, incapaces de cumplir con su deber de protegerlos de los monstruos chupa sangre. Desde su punto de vista, aquel monstruo de sangre mixta (porque eso era lo que era su prima para él, un monstruo) no tenía derecho alguno de vivir, igual que todos los demás vampiros que estaban en aquel lugar. No veía la hora de que alguno de ellos cometiera un error, por mínimo que fuera, que rompiera con los acuerdos y le permitiera destruirlos a todos, asesinarlos como los animales que eran.
– Solo intento fortalecer nuestros lazos familiares – le dijo Nicanor con ironía, esbozando una sonrisa. Muy tarde percibió el muchacho la mirada animal en los ojos de la chica. Vicky le contestó con un gruñido incomprensible, arrastrándolo hacia el exterior con una velocidad y una violencia tales que fue incapaz de prever. Con la mano firme en su cuello, lo acorraló contra una pared. Ninguno de los humanos en la fiesta había percibido el incidente, pero podía sentir a los vampiros agruparse en la puerta y en el exterior de la estancia, podía verlos a cada uno de ellos en su mente como si los tuviera frente a sus ojos. Milena estaba horrorizada, incapaz de reaccionar, mientras Loo trataba de mantener a todos alejados del conflicto. Al parecer ella también había percibido el odio y el rencor que inundaban la mente del cazador como un veneno ponzoñoso.
Cegada de ira, Vicky dejó que su lado animal tomara el control. Sus colmillos se extendieron hasta asomar de su boca como agujas largas y filosas, impidiéndole juntar los labios sin desgarrarlos. Sus ojos estaban rojos como la sangre que su instinto y su cuerpo le pedían agritos y brillaban como las llamas del mismísimo infierno, si es que había uno. Su mano se cerró aún más sobre el cuello de Nicanor, alzándolo del suelo unos cuantos centímetros. La ironía se había borrado del rostro del muchacho, que solo expresaba terror y luchaba en vano por no sofocarse.
– Los tiempos cambiaron, Nicanor – le dijo con una voz ronca y siseante sin quitarle los ojos de encima –. La puta mestiza está muerta y se convirtió en un vampiro hecho y derecho, que puede ver lo que pensás con tanta claridad como puede escuchar las pelotudeces que salen por tu boca.
Los ojos del muchacho se abrieron de par en par por la sorpresa. En su mente solo había pensamientos confusos y miedo.
Con un solo movimiento, Vicky lo arrojó contra el suelo y lo tomó nuevamente, deteniendo su caída antes de golpear. Antes de que ninguno de los presentes pudiera detenerse sus colmillos se habían hundido en la carne y el sabor de su sangre la había invadido, saciando la sed y calmando el dolor. 

26 jul 2012

Cazadores: Michelle. Parte 23: Vicky.


Algunos representantes del clan se habían reunido para discutir asuntos de menor importancia. Tom había insistido en que Vicky asistiera a la reunión y no hubiera estado allí de no haber sido por eso. Ahora se preguntaba para qué lo había hecho. La conversación era aburrida, para nada de su incumbencia, y todos los presentes, su padre incluido, se habían dedicado a ignorarla durante todo el tiempo que habían estado allí. Por suerte todos eran vampiros y sus pensamientos estaban completamente vedados a su mente. Hubiera detestado enterarse de que les pasaba por la cabeza a los miembros más antiguos de su clan durante un evento como aquel.
Cuando parecía que habían acabado, los presentes se pusieron de pie y se despidieron formalmente, al parecer recién percatándose de su presencia. Tom llamó a una mujer aparte y se puso a hablar con ella a un costado. La conversación parecía casual, pero, por no ser descortés con quienes se retiraban, Vicky no logró captar de qué se trataba. Un momento más tarde, sin embargo, la habitación estaba vacía salvo por ellos tres y entonces no necesitó escuchar para saber de que se trataba aquello. Frente a ella, junto a Tom, había una muchacha que parecía de no más de quince años. El cabello rubio se le rizaba alrededor del rostro, confiriéndole el aspecto de una muñeca de porcelana. Solo sus ojos, de un color indefinible entre gris y verde, dejaban en claro que no era ni una cosa ni la otra. Louisa y Vicky ya se conocían, aunque nunca habían tenido una relación de amistad ni nada parecido. La mujer le llevaba varios siglos. Sybilla, la hermana mayor de William y Tom, la había transformado en un vampiro por capricho, y luego la había descartado como a una muñeca vieja. Tom la había llevado consigo al nuevo mundo cuando los conflictos con su familia se habían vuelto irreconciliables. Ella lo veía como su protector y todos sabían que su lealtad era incuestionable. Si había alguien en el clan que sabía como controlar su nueva habilidad, esa era Loo.
– No necesito leerte la mente para saber cuales son tus intenciones – le dijo secamente a su padre cuando ambos se dirigieron hacia ella –. Podrías habérmelo consultado antes.
– No necesito leer mentes para saber que no hubieras aceptado – respondió él con ironía. Últimamente, aquella era su forma de comunicarse. Lo peor era que sabía que él tenía razón en todo: ella no hubiera aceptado aquello, pero necesitaba hacerlo. Si no, terminaría aislándose de todo el mundo y no podía salir nada bueno de aquello.
– Nadie tiene por qué saber de esto. Loo prometió que no va a decirle a nadie. Pero es importante que aprendan a controlar esto y ella es la única persona del clan que puede ayudarlos a entenderlo.
– No creo que Zach quiera venir – se apresuró a contestar Vicky, imaginándose todo lo que el chico iba a decirle si se enteraba e incapaz de borrar de su mente el recuerdo de las últimas veces que se habían visto.
– Hasta donde yo sé, sigo siendo líder de este clan – respondió Tom en tono irónico pero poco amigable – y mientras Zach y vos sean parte de él, eso quiere decir que no pueden elegir. Van a hacer esto –. Vicky sabía que no había posibilidad de negociarlo.
– Bien – retrucó ella, decidida a quedarse con la última palabra –. Te deseo suerte hablándolo con él. Yo no pienso darle la noticia. Tom asintió y se fue, dejándola sola con Louisa. Vicky era consciente de que aquello había sido estúpido, pero no tenía la menor idea de cómo enfrentar a Zach, menos para decirle aquello. Por una vez en la vida prefería que su padre lidiara con el problema.

19 jul 2012

Cazadores: Michelle. Parte 21: Vicky.




Bufando, Vicky se levantó de la silla en la que había estado sentada casi media hora esperando una respuesta que nunca había llegado y se dirigió a la puerta de la habitación. Había acompañado a Liz a su casa con la intención de encontrarse con Zach. Él había llegado de clase apenas un rato antes y estaba frente a la televisión. Al verlas llegar, había saludado de manera efusiva y había subido a su habitación. Ella lo había seguido un momento más tarde y lo había encontrado tirado en la cama, la vista fija en el techo.
– ¿Querés hacer algo? – le había preguntado. Ante su silencio, se había sentado en la única silla libre de la habitación, esperando. Nada. El muchacho había permanecido en silencio, ignorándola.
– ¿A dónde vas? – le preguntó sin mirarla antes de que pudiera cruzar el umbral de la puerta.
– A mi casa. No veo que sentido tiene quedarme si vas a ignorarme – su tono era agresivo. Se estaba poniendo de mal humor.
– No te estoy ignorando – contestó él a la defensiva.
Vicky dio media vuelta y lo miró, incrédula.
– ¿Y cómo llamás a estar ahí tirado por media hora sin mirarme ni dirigirme la palabra entonces?
Zach se irguió sobre la cama, sosteniéndose con los brazos a la espalda. Su rostro dejaba en claro que se sentía fatal, pero no le importó. Estaba furiosa.
– Me duele la cabeza – se defendió él.
– A mí también me duele la cabeza. No podés poner toda tu vida en stand by porque te duele la cabeza. ¡No es mi culpa que te duela la cabeza!
El rostro del muchacho se ensombreció. Sus ojos brillaron mientras se ponía de pie de un salto. No le tomó demasiado quedar a tan solo unos centímetros de ella. Incluso podía sentir su aliento en el rostro mientras le respondía:
– En realidad, sí es tu culpa que me duela la cabeza, así que calláte.
Vicky palideció. Zach no pareció darle importancia.
– Yo no sabía que iba a pasar esto – dijo ella en un susurro, haciendo un esfuerzo para contener las lágrimas. Después de dos años sin haberlo hecho ni una vez, no esperaba que Zach fuera a reprocharle lo que había hecho para salvarle la vida.
– No busques excusas – fue lo único que respondió él en una frase monótona. Las palabras fueron como veneno. Vicky salió de la habitación casi corriendo, deseando para sus adentros no cruzarse con nadie en el camino hacia la puerta. Zach era la única persona que sabía por lo que estaba pasando. Sin él, estaba más sola de lo que había estado en toda su vida. No quería ni pensar en la posibilidad, pero el odio en la voz del muchacho, el resentimiento, habían sido suficientemente perceptibles. No podía ignorarlos. 

16 jul 2012

Cazadores: Michelle. Parte 20.


Antes de continuar con la historia, una (no tan) pequeña nota de la autora:


Estimados lectores:

Como habrán notado ya, esta historia es un poco más compleja y rebuscada que la de Zach y Vicky. No sé si eso es algo bueno o malo, ya ustedes me lo dirán. Lo que sí noto es que en este formato, en entregas, se hace un poco más difícil de seguir que cuando uno la tiene en papel (o en un archivo) todo de corrido. Por lo tanto, quizás sean necesarias algunas aclaraciones para no obligarlos a volver atrás seiscientas veces.
Como dice la nota al costado de este blog, la historia de Michelle empieza dos años después de donde quedan Zach y Vicky, cuando Michelle regresa a la casa de los Collin. Inmediatamente, hay un cartelito que dice: "Cinco años antes...", el cual da inicio a un flashback, a como Michelle conoció a Vicky y su familia, y a la historia de este nuevo personaje. Este flashback terminó en la parte 19, es decir, en la entrega anterior a esta que están leyendo ahora.

Para que no tengan que volver a la primer entrega les recuerdo lo que había pasado: Michelle toca el timbre. Se vio movimiento en la ventana de Vicky y luego se abrió la puerta, en la que solo se veía oscuridad. Allí fue donde quedaron, y allí retomará la historia en este momento, solo para volver pronto al pasado, pero a uno más cercano: los últimos meses en la vida de los personajes que ya conocíamos, las consecuencias de lo que pasó antes. Ya sé que esto es complicado de seguir. ¡Por favor no me odien! Cuando empecé a publicar esta historia solo estaba escrita hasta la parte 19, todo lo demás eran escenas sueltas y notas en un documento en mi computadora. ¡Jamás imaginé que se iba a complicar tanto!

Lo que me lleva a un nuevo punto. Terminé de escribir la historia la semana pasada. Por razones personales no tengo tiempo de releerla y corregirla como es debido. Las opciones son: publicarla como está o esperar hasta fin de año. Todos sabemos que no estaría bien hacerlos esperar tanto, así que les pido disculpas con anticipación si hay cosas que no quedaron como corresponde. 
Ahora sí, dejo de torturarlos. Espero que disfruten de esta historia tanto como yo. Y no duden en comentar de forma positiva o negativa. Todo ayuda, todo suma y todo es bienvenido. Estoy complicada con el tiempo, pero prometo responder cualquier pregunta que les surja si la formulan. Gracias por leer.



Luthien

P.D.: La historia pasa a publicarse dos veces por semana, lunes y jueves.



Cazadores: Michelle. Parte 20.


De vuelta al tiempo actual.

MICHELLE

– ¡Michelle! – exclamó la voz de la muchacha desde las sombras, abalanzándose sobre ella y abrazándola con fuerza. Por un momento lo único que hubo frente a sus ojos fue un manojo de rizos negros.
– De todas las visitas inesperadas, esta es la única que me da gusto – agregó la chica mientras se separaba y le dejaba espacio para entrar – ¿Qué te trae por acá y a esta hora?
Michelle avanzó en silencio intentando verla con claridad en las sombras. La chica caminó hasta la cocina y prendió una luz, invitándola a sentarse. Había algo en ella que no era normal, aunque no lograba precisar que.
– Vicky – le dijo después de un momento a modo de reconocimiento. Debía haber algo en su mirada que le demostró su malestar, porque la muchacha dejó de sonreír un momento.
– Si, ya sé – le dijo mientras se recogía los rizos y dejaba a la vista el rostro de una muchacha de diecisiete años –. No parezco de diecinueve. ¿Verdad? Ni parezco humana tampoco.
Michelle la observó nuevamente. ¡De eso se trataba! Por primera vez veía en el rostro de Vicky la cara de un vampiro: esos inexplicables rasgos sobrenaturales que daban a entender que aquello que uno tenía en frente no era humano y era… peligroso. Hermoso y peligroso a la vez.
– ¿Qué fue lo que pasó? – le preguntó sin poder quitarle los ojos de encima.
– Yo… fui parte de la primera transformación doble de la historia y… estuve muerta tres días – respondió la chica con el tono más casual que pudo encontrar y una sonrisa visiblemente forzada.
Le fue imposible ocultar su sorpresa, lo que le provocó a la muchacha un ataque de risa. Sin decir nada se acercó al horno y puso agua a calentar. Acto seguido sacó dos tazas de la alacena y empezó a pasearse por la cocina buscando todo lo necesario para preparar dos tazas de café.
– ¿Y quién era la otra persona de la… doble transformación? – preguntó nuevamente Michelle tras un esfuerzo por volver a encontrar su voz.
El rostro de Vicky se ensombreció.
– Zach era… un cazador. Salimos durante un tiempo.
– ¿Un cazador? Parece que es un mal de familia, eh – Vicky no pudo evitar sonreír ante aquel comentario. Michelle le devolvió el gesto con algo de alivio. – ¿Y qué pasó que dejaron de salir?
– Es… una historia larga – respondió la morocha alcanzándole una taza y sentándose en una de las banquetas del desayunador. Ambas quedaron cara a cara con las tazas humeantes entre las manos.
– Bueno… A menos que tu papá pueda atenderme ahora mismo, creo que tenemos toda la noche para que me cuentes – le dijo ella esbozando una sonrisa. Sabía que Tom estaba durmiendo y lo conocía lo suficiente como para saber que no iba a levantarse por ella a aquella hora. Siempre había sido una persona muy particular, incluso para ser vampiro.
Vicky asintió. Michelle tenía razón.

Dos meses antes…

VICKY

Linkin Park - Ppr-kut

No se había percatado de las voces hasta unas semanas antes. Habían empezado como murmullos casi imperceptibles y de a poco se habían vuelto más y más claros. Un día, sin darse cuenta, estaba respondiendo una pregunta que su madre no había formulado y entonces lo supo: estaba escuchando lo que la gente pensaba. Por eso las calles y las clases se sentían tan ruidosas. Al bullicio habitual estaba sumándole lo que ella captaba y estaba solo en su cabeza (y en la de cada una de las personas individuales que la rodeaban). No había tardado en volverse una pesadilla que le producía una migraña casi constante y la ponía de pésimo humor y si algo tenía muy claro era que los analgésicos eran inútiles en la sangre de un vampiro. Lo había intentado de todos modos sin resultados. Tenía que aprender a tolerarlo. Y a controlarlo. ¿Pero cómo?
Esta nueva capacidad había hecho que miles de interrogantes empezaran a acosarla. Si aquello era parte de su transformación… ¿Cabía la posibilidad de que, tarde o temprano, ella y Zach terminaran convertidos en hijos de la noche, incapaces de exponerse a la luz del sol? Y si esto sucedía: ¿Cuándo sería? ¿Cuánto tiempo tenía para disfrutar del sol?
No tardó en darse cuenta de que Zach estaba pasando por lo mismo. Pasados los primeros días, cuando la sed volvió a atacarlo, el muchacho había empezado a mostrar hostilidad: su nueva condición no le agradaba en lo más mínimo. No hacía más que recordarle que toleraba aquello solo por ella, que hubiera sido incapaz de hacerlo solo. Ahora, dos años más tarde, este nuevo síntoma había despertado su hostilidad nuevamente. Zach estaba intratable. Incluso Liz y Dylan habían notado que algo no andaba bien, aunque el muchacho había preferido no decir nada para no incomodarlos. Vicky ya no se sentía a gusto en su casa desde que sus padres sabían que podía escuchar lo que pensaban, si bien no con tanta claridad como con personas comunes: la mente de un cazador se percibía algo confusa, la de un vampiro era casi impenetrable. Probablemente con un esfuerzo que ninguno de los dos estaba dispuesto a hacer. Pero ciertos pensamientos se proyectaban de todos modos y a nadie le gustaba la invasión de la intimidad.
Justamente de eso le hablaba Liz mientras salían de clase. Jamás lo habían planeado, pero ambas habían terminado estudiando la misma carrera en la misma universidad, por lo que coincidían en la mayoría de las materias. Esto había hecho que su amistad se volviera aún más sólida. La otra parecía haber aceptado sin problema que ella y Zach estuvieran de novios y jamás había mostrado ningún tipo de oposición. Las pocas veces que Vicky había intentado sacar el tema, al principio, esta se había limitado a argumentar que de no ser por ella, Zach estaría muerto y que por lo tanto ella no tenía derecho a intervenir si él a había elegido. Con el tiempo quedó claro que el solo hecho de que el muchacho siguiera con vida era más que suficiente para ella. Había aprendido a verlo como él la veía a ella. En ocasiones se preguntaba si esto era verdad. Ahora que podía comprobarlo no quería hacerlo. Ojos que no ven, corazón que no siente, dicen. Hay ciertas cosas que es mejor no saber.
Liz le llamó la atención. Se había perdido nuevamente en sus pensamientos y el barullo. Tenía que encontrar la forma de concentrarse en una cosa a la vez y no dejar que lo demás la distrajera.
– Perdón, no sé donde tengo la cabeza – le respondió. Liz le sonrió.
– ¿Dormiste anoche? Tenés unas ojeras espantosas. Nunca había visto un vampiro tan ojeroso en mi vida.
Vicky le devolvió la sonrisa, pero sabía que no se veía sincera.
– Vicky. ¿Qué pasa? Zach está insoportable y vos vivís en las nubes. Parece que ninguno de los dos estuviera durmiendo. ¿Pasó algo? ¿Discutieron? – la voz de Liz indicaba preocupación. Su mente le decía que así era. De verdad quería hablar con ella, contarle lo que pasaba. Pero Zach nunca se lo hubiera perdonado y corría el riesgo de que Liz se distanciara también de ella. Poder leer su mente era invadir un espacio que no le correspondía.
– No es nada – mintió finalmente conteniendo un suspiro –. Estamos los dos con muchas cosas en la cabeza. Y hay cosas a las que Zach no se termina de acostumbrar todavía.
– Pero ya pasaron dos años – replicó su amiga con sorpresa –. Pensé que después de todo este tiempo…
– Convertirse en un vampiro no es cosa simple. La sed es difícil de manejar. La dependencia de la sangre es algo a lo que no todos se acostumbran. Y lleva tiempo; mucho tiempo. Dos años no es nada para alguien que va a vivir eternamente – mientras decía esto, los ojos de Vicky se iban ensombreciendo. Eternidad: no estaba segura de poder tolerarla; no así, al menos.