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1 oct 2012

Cazadores: Michelle. Parte 42.


VICKY

No tenía sentido hacer la reunión si Sybilla no estaba ahí. Y no aparecía por ningún lado. Pero Tom había insistido, asegurando que su hermana iba a aparecer. Había vuelto a confiar en ella. Esperaba que la mujer lo mereciera.
Michelle entró en la habitación con el rostro serio. Seth no la acompañaba. Estaba ocupado, explicó. Vicky empezaba a ponerse tensa. Sintió la mano de Zach en el hombro intentando tranquilizarla. Justo en ese momento la puerta se abrió, dando paso a Sybilla y Louisa. Venían tomadas de la mano y la mujer se veía mucho mejor, a pesar de que era evidente que aún estaba débil.
– No voy a dejarte sola con Loo nunca más – le susurró Zach al oído con ironía.
Vicky reprimió una risa.
– Yo podría decir lo mismo – le respondió –. Voy a recordarte que ambas salieron con hombres también. Sybilla solía salir con Seth.
Como si hubieran escuchado aquello, esta última y Michelle quedaron frente a frente. La rubia murmuró el nombre de la otra de forma monótona. Sus ojos pasaron de esta a Louisa y luego a Tom.
– Dijeron que era importante. ¿Qué pasa?
Tom desvió la mirada a su hermana mientras empezaba a hablar.
– Sybilla fue atacada – empezó a explicar el hombre. La mirada de todos se fue hacia ella. Luego volvieron todos a él – con estas.
En la mano tenía tres piezas pequeñas de madera y metal. El escalofrío que recorrió a Michelle fue visible para todos. Eran balas, pero hechas de aquella mezcla misteriosa que envenenaba la sangre de un vampiro y, pegándole directo al corazón, podía volverlo cenizas.
– Una de estas asesinó a Cassandra – dictaminó el hombre. Michelle parecía atónita y paralizada.
– No puede ser – susurró con un hilo de voz.
Una imagen fugaz invadió la mente de Vicky: un hombre furioso asesinado por un Seth aún más furioso y un nombre: George. El episodio se desvaneció casi al instante, pero algo le quedó claro: él había inventado aquella mezcla fatal y se había llevado el secreto a la tumba. ¿Cómo podían ser posibles estas nuevas armas mortales?
– ¿Dónde…? – empezó a preguntar la mujer, saliendo un poco de su ensoñamiento.
– En territorio Vega – dijo Sybilla, hablando por primera vez –. Al parecer, alguien importante en ese clan protege a los Rose y a James Blackeney. Aunque no estoy segura de que sea sus líderes.
Al oír aquello, Michelle palideció. Casi frenética, sacó un telefono celular de su bolsillo y marcó un número. Alguien atendió y ella preguntó por Seth. La respuesta pareció desesperarla aún más. Con un grito, estrelló el aparato contra la pared, destrozándolo.
– ¡Maldita sea su negación con la tecnología! – rugió – Seth va en camino a reunirse con Ángel Vega. Y no tengo forma de comunicarme con él para advertirle del peligro.
Tom buscó su teléfono mientras caminaba a la puerta:
– conozco a Ángel. Él no puede estar involucrado en esto. Pero podría estar en peligro también.
Todos siguieron al hombre, preocupados y decididos a ayudarlo a detener lo que fuera a pasar.


TOM

Inmediatamente, todos emprendieron una frenética carrera hacia territorio Vega. Vicky y Zach iban en una motocicleta y Sybilla y Louisa en otra, esta última tapada de pies a cabeza para protegerse de la luz solar. Tom se subió al auto de su hermano, el cual no tardó en ponerse al volante. Milena y Michelle se ubicaron en el asiento trasero. Todos ellos eran los únicos en aquella misión de emergencia. Esperaba que fueran suficientes.
Mientars Will manejaba, encabezando la marcha, él intentaba, sin éxito, comunicarse con Ángel Vega. Por último, uno de sus intentos tuvo éxito.
– ¿Laura? Es Tom Collin. Ángel tenía planeado reunirse con Seth Blackeney hoy. ¿Sabés donde pensaban hacerlo? – le preguntó a la hermana del otro con tono preocupado. La mujer contestó, indicando el nombre de un restaurant pequeño del que eran dueños, información que él le pasó inmediatamente a su hermano.
– ¿Quién está con él? – preguntó Tom.
La mujer empezó a alarmarse. Él intentó explicarle la situación lo mejor que pudo, lo que contribuyó a alarmarla aún más.
– Ángel no sería parte – empezó a decir ella.
– No – interrumpió él –. No lo creo. Pero bien puede ser una trampa para él también.
– ¡Voy para allá! – dijo ella, cortando el teléfono.
William profirió una maldición en inglés. Había una gran cantidad de autos frente a ellos. Estaban momentáneamente varados. Las dos motocicletas esquivaron a los vehículos de forma algo riesgosa y siguieron adelante.
– ¿A dónde van? – preguntó Michelle, alterada.
– Ellos ya saben a donde tienen que ir – respondió Tom mientras le llegaba el mensaje mental de Loo.
Unos minutos más tarde, de todos modos, estaban llegando al lugar indicado. Las dos motocicletas estaban mal estacionadas en la puerta y tres de los cascos estaban tirados a un lado. Doblando la esquina se acercaba una muchacha corriendo. El cabello castaño le flotaba a la espalda y el sol le pegaba de lleno en el rostro, dándole a su piel morena un aspecto casi dorado.
Michelle y Will entraron, seguidos de Milena. Tom se demoró, aguardando a que Laura llegara. Una vez adentro, se encontraron con el lugar desierto. Había un casco tirado en el suelo al pie de una escalera. La puerta que daba a la habitación de la planta alta estaba entreabierta y de ella provenían ruidos de pelea. Estaban empezando a subir, cuando escucharon el sonido de un disparo.

20 sept 2012

Cazadores: Michelle. Parte 39.


VICKY

La casa había estado llena de gente que iba y venía todo el día. Milena y William habían pasado con ellos la mayor parte de la tarde y Michelle se había quedado también la mayor parte del tiempo. Zach y Liz habían ofrecido quedarse durante la noche, pero Vicky les había dicho que no era necesario y luego de mucho discutirlo los había convencido. Necesitaba un tiempo sola consigo misma. Y otro tiempo sola con su padre, para poder hablar. Lo había meditado mucho. Las cosas no serían fáciles de ahora en más. Lo sabía con claridad. Necesitaba encontrar la forma de superarlo.
– ¿Podemos hablar? – le preguntó con un dejo de timidez a su padre, sacándolo del ensoñamiento en el que estaba desde hacía horas, sentado en la mesa del comedor.
– ¿Qué pasa? – preguntó el hombre esforzándose por enfocarse en ella.
Vicky se sentó frente a él, buscando las mejores palabras para expresar lo que quería decir.
– Mirá… Yo sé que los últimos años no fueron fáciles. Para ninguno de nosotros. Y sé que en muchas ocasiones me enojé con vos y tuvimos problemas, porque te fuiste y todo eso. Pero…
Vicky hizo una pausa. Sus ojos se encontraron con los de su padre, gris con gris. Quien no los conociera hubiera pensado que eran hermanos.
– ¿Pero qué?
– Pero si ahora necesitas irte, por un tiempo al menos… yo lo voy a entender. Y no me voy a enojar con vos por eso.
– ¡Vicky!
– Quería que lo supieras para que no te sintieras mal si se te cruzaba por la mente – siguió ella, cada vez más rápido, sin dejarlo hablar –. Yo voy a estar bien y no voy a estar sola. Está el tío Will y Mile, están Zach y Liz y Loo y… quién sabe, si te descuidas hasta Sybilla. Yo te entiendo si necesitas un tiempo.
Vicky extendió su mano a través de la mesa. Tom la tomó entre las suyas con fuerza, emocionado y triste a la vez. Las lágrimas se agolpaban en los ojos de ambos.
– Gracias – le dijo él con un hilo de voz –. No sé que va a pasar en un tiempo. Pero por el momento puedo asegurarte que no pienso ir a ningún lado.
Mientras hablaba, el rostro de Tom fue transformándose. De a poco, cierta seguridad fue apareciendo en él y la fuerza de una decisión.
– Hasta que esta guerra no haya terminado y pueda asegurarme de que nadie más va a salir herido por ella no pienso irme a ningún lado.
Vicky asintió. Suponía saber que era lo que sucedería. Unos minutos más tarde, como había previsto, su padre hablaba por teléfono con William. Acababa de llamar una reunión de clan, para todos los miembros sin excepción.

TOM

El clan casi al completo estaba frente a él, sentados o de pié, en un semicírculo, la mirada fija en él. Los rostros eran lúgubres y era evidente que ninguno sabía que esperar de aquella reunión. Tom llevaba todo el día meditándolo y por fin había arribado a una decisión. El único problema era que no estaba seguro de que su gente estuviera dispuesta a seguirlo. Sus ojos recorrieron los rostros de todos. Vicky parecía impaciente y desconcertada. Will y Milena no parecían muy diferentes. La única que parecía tranquila y firme era Louisa. Probablemente ya sabía que era lo que se venía, pensó incapaz de reprimir el esbozo de una sonrisa.
– Los reuní porque hay un asunto muy importante que discutir – empezó a hablar, juntando coraje.
La sala permaneció un momento en silencio. El ambiente empezó a ponerse tenso.
– Yo sé que muchos vinimos al nuevo mundo en busca de paz, tratando de escapar de las guerras que asolaban a nuestros clanes. La guerra entre los Blackeney y los Rose, principalmente. Pero esta guerra ya nos arrebató demasiado a muchos de nosotros y creo que no podemos seguir manteniéndonos a un lado. Yo, al menos, no puedo – Tom hizo una pausa, buscando la mejor forma de decir lo que tenía en la cabeza. Un leve murmullo empezó a escucharse en la sala –. Por lo tanto, creo que llegó la hora de intervenir…
El murmullo se convirtió en bullicio. Louisa, Will y Vicky eran los únicos que se mantenían en silencio; eran los únicos que comprendían el porque de su decisión y no la cuestionaban, al parecer. Mientras su mirada recorría nuevamente los rostros de los presentes, notó una ausencia que antes había pasado por alto. No lo sorprendía, pero una parte suya esperaba que las cosas hubieran cambiado.
Sabiendo que era hora de volver a intervenir, de explicarse un poco más, hizo un gesto indicando que volvería a hablar. Todos fueron haciendo silencio de a poco.
– Es cierto que vinimos para evitar la guerra, para protegernos; para asegurarnos de que no volvería a pasarnos lo que ya nos había pasado antes. ¿Pero cuántos de nosotros perdimos a alguien por culpa de esta guerra? Una guerra que no es nuestra y en la que nunca quisimos intervenir. Esto no es solo porque quien falleció es Cassandra. No es porque ella fuera mi esposa. Sería igual si fuera cualquier otro miembro de este clan. Esto es porque los Rose y James Blackeney, movidos por su codicia, van a arrasar con todo aquel que se ponga en su camino. Es porque ya somos parte de su lista de blancos, solo por ser aliados de su enemigo. Si permanecemos como hasta ahora lo único que vamos a lograr es que maten a más inocentes. Es hora de intervenir. Es hora de que esta guerra sin sentido llegue a su fin. No les pido que me acompañen si no quieren. Aquellos que no quieran ser parte de esto son libres de hacerlo. Pueden elegir un nuevo líder; pueden irse. Son libres de hacer lo que quieran. Esta es mí decisión y de nadie más. No voy a arrastrar a nadie a una guerra que no quieren. Pero sean conscientes de que tarde o temprano podría llegar a alcanzarlos.
El murmullo volvió a formarse. Tom suspiró.
– Solo les pido que cuando lo hayan decidido me lo hagan saber – dijo, finalmente. Luego dio media vuelta y salió de la habitación, dejando que los miembros del clan debatieran.
Un momento más tarde, Louisa estaba junto a él.
– ¿No vas a intervenir? – le preguntó.
– Ya dije todo lo que tenía que decir – respondió ella –. Todos saben que voy a seguirte sin importar a donde sea. Mi lealtad no se negocia.
– No estás obligada…
– No es una cuestión de obligaciones – interrumpió ella –. Es lo que creo correcto.
Él asintió en agradecimiento. Ella esbozó una sonrisa.
– Así que Sybilla desapareció de nuevo – dijo él con voz monótona.
Un dejo de dolor apareció en el rostro de la otra. Desvió la mirada al contestar, los ojos fijos en un punto distante.
– Así parece. Se pasó todo el día acá, haciendo vaya a saber qué. Supuse que iba a seguir acá… No sé a donde se fue.
Ninguno de los dos dijo más nada. Zach y Vicky cruzaron la puerta y, un momento más tarde, también lo hicieron Will y Milena. Tom los observó en silencio, la mirada sombría. Lo último que quería era arrastrarlos a aquella guerra. Si perdía a uno más, no estaba seguro de poder tolerarlo. Especialmente a Vicky… pero no tenía otra opción: James los había elegido como blancos y si no lo detenían aquello no acabaría jamás. Y, después de todo, que James siguiera con vida era su responsabilidad.

10 sept 2012

Cazadores: Michelle. Parte 36.


TOM

Sybilla le estaba dando dolor de cabeza. Jamás había tenido una buena relación con su hermana. No la culpaba demasiado: novecientos años era mucha diferencia. Pero de todos modos… en el fondo, sentía que ella nunca se había esforzado demasiado por que las cosas entre ellos funcionaran. Por mucho tiempo no le había afectado: pronto fue claro que sus valores eran totalmente incompatibles. Ahora, ella estaba en su territorio, no podía desentenderse del asunto. Pero no tenía la menor idea de cómo lidiar con ella. Especialmente, porque no tenía la menor idea de que era lo que buscaba en el nuevo mundo.
– ¿Qué pasa? – le preguntó Seth, que se había detenido frente a la puerta para salir cuando había sonado el teléfono.
Tom suspiró antes de pronunciar el nombre de su hermana. El otro palideció, lo que le provocó un ataque de risa. La historia de aquellos dos era muy anterior a su nacimiento, antes de que los caminos de Seth y Michelle se cruzaran. Sybilla jamás había podido perdonarle aquello, aunque estaba seguro de que su hermana estaba exagerando.
– ¿Qué hace Sybilla acá? – le preguntó su amigo mientras salían, recobrándose de la impresión.
– Eso es exactamente lo que nos preguntamos todos – respondió él. Le comentó como había aparecido hacía aproximadamente un mes y medio, la escena con Vicky y Milena. Después de eso había aparecido un par de veces. La situación más incómoda había sido cuando Louisa se había enterado. Estaba indignada. Lo único que había podido hacer era mantener a las dos mujeres alejadas.
Pero ahora tenía problemas serios. No tenía tiempo para lidiar con su hermana.
Mientras hablaba de todo aquello, habían llegado a la puerta de su casa. Como si lo supieran, la puerta se abrió justo frente a ellos: Vicky les dio la bienvenida con una expresión de fastidio. Se sintió aliviado al verla. Cassandra le había contado lo que había sucedido el día anterior y se había quedado algo preocupado.
Su mujer le dedicó una sonrisa desde unos metros más atrás. No había puesto un paso en el interior de la casa, sin embargo, cuando su hermana se le abalanzó, hablando con autoritarismo y sin siquiera saludarlo.
– Recibí una llamada de nuestros padres con noticias alarmantes – dijo –. Y más te vale que me escuches con atención y hagas exactamente lo que yo te diga.
– Este es mi territorio, y yo hago lo que quiero, no lo que vos digas – rugió él. Aquello le estaba desbordando la paciencia.
– Se acerca una guerra – siguió hablando la mujer como si no lo hubiera escuchado – y no estás eligiendo precisamente las mejores amistades.
Al decir aquello, paseó la mirada por Michelle a un lado y por Seth al otro, quien aún permanecía junto a la puerta abierta, sorprendido por como actuaba la mujer.
Tom estaba por contestar cuando comenzó el caos. Escuchó un ruido ensordecedor que provenía desde afuera. Inmediatamente, Sybilla salió corriendo por la puerta a toda velocidad, más rápida de lo que cualquier ojo humano podría haber percibido. Tom la hubiera seguido, pero estaba demasiado aturdido. No podía creer lo que le mostraban sus ojos.

VICKY

Algo voló frente a sus ojos. Vicky lo siguió con la mirada, intentando descifrar de qué se trataba. El disparo había sonado distante, casi irreal. Por eso, al verla caer, todo tomo un aire casi surreal, imaginario. Nada de aquello podía estar sucediendo. Cassandra se desplomó sobre el suelo mientras su pecho se teñía de rojo. Sus ojos solo expresaban la sorpresa del impacto.
Tom se abalanzó sobre ella intentando sostenerla, frenar su caída, como si con ello pudiera evitar lo inevitable. Comprendió que Sybilla había ido tras el agresor, lo percibió en sus pensamientos, como si la mujer lo hubiera proyectado. Pero el daño ya estaba hecho. La mente de su madre se desvaneció sin que pudiera hacer nada. La vida se le escurrió como agua entre las manos. Su padre intentaba en vano hacerla reaccionar, hacerla beber de su sangre con la esperanza de que esta reparara el daño. Pero ella lo sabía, su madre se había ido. A su lado, Zach la abrazaba, intentando sostenerla. Las piernas se le habían vuelto de gelatina y todo era confuso. Ni siquiera fue realmente consciente de cuando fue el momento en que había empezado a gritar.

2 jul 2012

Cazadores: Michelle. Parte 18.


TOM

Como él les indicó, William y Milena regresaron a la planta baja. Él, sin embargo, permaneció allí junto a la puerta, escuchando. Michelle estaba histérica. Por un momento había temido que la amnesia hubiera vuelto a atacar. Nada más opuesto a ello: la muchacha había entrado en shock frente a un recuerdo demasiado horroroso; un hecho que ninguno de ellos sabía que existía. Michelle nunca había dicho estar embarazada. ¿O sí? ¿Seth sabía de aquello? Debía hablarlo con él urgentemente. Pero primero debía calmarla, saber que había pasado realmente y cuando. Pensaba darle a Vicky algo más de tiempo, pero la mención del nombre lo hizo cambiar de opinión. Sin anunciarlo, abrió la puerta de par en par y entró en la habitación, cerrándola nuevamente a su espalda. Su hija lo miró con reproche: la otra seguía desnuda; pero la gravedad del asunto era demasiada. No podía quedarse allí esperando.
Con toda la calma que pudo se acuclilló frente a Michelle, buscando los ojos de la chica con los suyos. Ella lo observó sin decir una palabra. Su rostro estaba hinchado de tanto llorar y sus ojos estaban rojos.
– Necesito que me digas exactamente qué fue lo que pasó – le dijo –. Y cuándo.
Ella asintió en silencio, abrazándose a si misma como buscando consuelo.

MICHELLE

No podía recordar absolutamente nada. No sabía como había llegado a aquel lugar. No podía recordar ni su nombre, quien había sido en el pasado. Nada. Era como si recién hubiera nacido. Solo que su reflejo le decía que tenía que tener unos dieciocho años, tal vez menos, tal vez más. Y el tamaño de su vientre dejaba claro que estaba por lo menos de siete meses, tal vez más. Por momentos sentía como su bebé se movía dentro de ella, una sensación que le resultaba fascinante y aterradora a la vez. Si tan solo supiera de donde había venido, quien era el padre de aquel bebé que crecía dentro de ella y por que no estaba a su lado, como había llegado a aquel lugar.
Un par de días antes una mujer le había dado un abrigo. Le quedaba enorme, pero era muy abrigado y la protegía del viento helado. Al cerrarlo, incluso disimulaba que estaba embarazada. Se acercaba la noche y no tenía a donde ir. Con un poco de suerte conseguiría algo para comer. Tendría que dormir nuevamente en la calle, a la intemperie. Mientras analizaba su reflejo en una vidriera, meditando sobre como proceder, un rostro familiar le llamó la atención. Había un muchacho observándola. No parecía mucho mayor que ella. Tenía el cabello oscuro y ojos claros, al parecer azules. Su rostro le decía que la conocía, y ella estaba segura de haberlo visto antes, aunque no sabía donde ni cuando.
– Michelle – la llamó, sorprendido y feliz, acercándosele por la espalda. Ella giró sobre sus talones y quedó frente a frente con el muchacho que le sonreía.
– Te conozco. ¿Verdad?
Él dejó escapar una risa alegre antes de responder.
– ¡Claro que sí! ¡Desde hace mucho!
Ella le sonrió con timidez, esperanzada. Tal vez no tendría que pasar la noche en la calle después de todo.
Él la llevó a un restaurant de comidas rápidas, donde le compró algo de comer. No se había dado cuenta de cuan hambrienta estaba hasta que tuvo la hamburguesa frente a sus ojos. Luego, mientras le hablaba de cómo se habían conocido en el pasado, la guió hasta un edificio bajo, a un departamento. Era simple pero cálido y acogedor. Michelle dudó un momento antes de entrar, y una vez adentro la indecisión volvió a apoderarse de ella. El muchacho seguía hablando sin percatarse de su malestar mientras se quitaba el abrigo y la invitaba a sentarse y a sacarse el suyo.
– ¿Qué pasa? – le preguntó él luego de unos minutos.
– ¿Cuánto hace que decís que no nos vemos? – preguntó ella, temerosa.
– Por lo menos tres años – respondió él, dando un paso hacia ella, sin comprender.
Michelle dio un paso hacia atrás, hacia la puerta, no muy segura de cómo proceder. Él volvió a preguntarle que le pasaba. Sin decir nada, se desabrochó el abrigo y lo abrió de par en par. La expresión del muchacho cambió automáticamente. La sonrisa desapareció de su rostro y en él solo hubo una furia inhumana. Sus ojos se pusieron rojos, como en llamas, y una palabra brotó de sus labios como un rugido: Seth.
Aterrada, Michelle se dio media vuelta, dispuesta a salir de aquel lugar. Él fue más rápido e lo que cualquier humano podría haber sido. Antes de que pudiera alcanzar la puerta, un brazo la sujetó con fuerza. Maldiciendo en un idioma que no podía comprender, el muchacho la atrajo hacia sí mismo y la rodeó con el otro brazo. Cuando lo hizo, un dolor desgarrador la invadió. Al bajar la vista comprendió que sucedía: en la mano izquierda, su mano hábil, el muchacho sostenía un cuchillo, y acababa de apuñalarla en el vientre. El dolor era insoportable, como si se quemara por dentro. Sintió a su bebé retorcerse dentro suyo y dejó escapar un grito desesperado. No tardó demasiado en desmayarse.

Michelle se abrazó el vientre mientras contaba la historia, incapaz de dejar de llorar.
– Fue James, él lo hizo – volvió a decir por milésima vez mientras Vicky y Tom la sostenían, intentando consolarla. James había asesinado a su bebé, y Seth nunca había sabido nada al respecto. Ambos hermanos estaban ahora juntos. Seth confiaba en James y ella también había confiado en él. Y él los había traicionado a ambos.
Tom se puso de pie, serio. Mientras Vicky intentaba convencerla de que se pusiera un vestido, él caminaba de un lado a otro de la habitación como un tigre enjaulado. Michelle intentó calmarse y escuchar a la muchacha. La chica le sonrió y la ayudó a vestirse. Luego le dijo algo que no comprendió y salió de la habitación escaleras abajo. Entonces él volvió a mirarla, evidentemente más cómodo ahora que tenía ropa puesta.
– Sé donde se hospedaba James por aquel entonces. Conozco el departamento. Pero no está en territorio de Seth. Ese es mí territorio y voy a asegurarme de que pague por lo que te hizo. Te lo prometo.
Sabía que él decía la verdad.

11 jun 2012

Cazadores: Michelle. Parte 15.

MICHELLE


Tom y William llevaban un rato sentados en los sillones del living, uno frente al otro, sin decir una palabra. Michelle se había refugiado en la cocina, donde todos sabían que podía escucharlos, pero al menos no estaba en el medio. No había demasiados otros lugares donde ir en aquella casa, de todos modos y habiéndose alimentado recientemente ninguna de las paredes era suficientemente gruesa como para evitar que escuchara si así lo deseaba. La tensión entre ambos era importante y difícil de romper. Su mente confusa no tardó demasiado en decirle por que: William era el hermano de Tom. No solo eso, curiosamente para los de su raza, entre uno y otro había unos pocos años de diferencia: ambos se habían criado juntos. Siempre habían sido muy unidos. Ese era el recuerdo que tenía de ellos, de cuando los había conocido en el pasado, junto a Seth. Pero luego toda la familia de Tom le había dado la espalda cuando él había conocido a Cassandra. Nuevamente, dos hermanos separados por culpa de una mujer. Incluso Michelle se preguntaba qué hacía allí el menor en aquel momento.
– Vine a disculparme – dijo por fin William, como leyéndole la mente, rompiendo el silencio.

TOM

– Vine a disculparme – dijo William. Tom lo miró algo incrédulo. Estaba decidido a ser impasible con su hermano, así como él había sido con él.
– Yo sé que no debería haberte dado la espalda – siguió el otro, ante su silencio –. Sabés que siempre fue difícil para mí llevarle la contra a nuestros padres.
Tom permaneció en silencio. Su hermano lo observaba desde su asiento, impaciente. Evidentemente esperaba otra cosa.
– No sé que esperás que te diga después de quince años – le respondió un momento más tarde –. Supongo que: ¡bien por vos! ¡Aprendiste a tomar tus decisiones! – El tono fue extremadamente irónico y, según reflejó el rostro del otro, hiriente. La conversación parecía no poder llegar a ningún lado. En el fondo, Tom estaba demasiado resentido. Que sus padres le dieran la espalda no lo había sorprendido, pero Will… Eso había sido como una puñalada en la espalda, después de todo lo que él había hecho por su hermano menor.
– Entiendo que me odies por lo que hice, especialmente después de que me apoyaras con Justine – volvió a hablar su hermano como leyéndole la mente –. Yo debería haberte apoyado como vos me apoyaste a mí y no lo hice. Pero la situación era demasiado arriesgada. ¡Ni siquiera sabía si podíamos confiar en Cassandra! Y vos estabas tan obnubilado con ella que no estaba seguro de que pudieras ver las cosas con claridad. Además, era una adolescente. Pensé que se te iba a pasar en unos años. Ni siquiera pensé que fueran a durar demasiado… ¡Ella era demasiado chica!
Tom esbozó una sonrisa irónica. Su hermano no tenía la menor idea.
– Es verdad que Cassandra tenía casi dieciocho años, que era chica. Pero deberías haber confiado un poco más en mi juicio. ¿No te parece?
William bajó la vista avergonzado. Tal vez era hora de ceder un poco. Era cierto que iban a vivir eternamente; pero eso no significaba que tuviera intención de pasarse todo ese tiempo enemistado con su hermano.
– ¿Puedo preguntar que es lo que te hizo cambiar de opinión ahora?
El otro alzó la vista. Sus ojos brillaron con un dejo de esperanza. Inmediatamente su rostro se volvió sombrío, como si lo invadiera un mal recuerdo.
– Justine – empezó, refiriéndose a su esposa. Tom lo había ayudado a que sus padres la aceptaran. La muchacha pertenecía a un clan con el que no tenían relaciones y sus padres no la habían considerado adecuada. Ellos lideraban el clan, debían formar alianzas. Justine no ayudaba a eso –. Ella… falleció.
Tom sintió como le caía el alma a los pies. ¿Muerta?
– ¿Cómo? – preguntó casi sin darse cuenta.
Los ojos de William se desviaron a la cocina antes de responder, hacia donde sabía que estaba Michelle:
– Es culpa de los Blackeney y los Rose y de su eterna guerra. Los Blackeney dicen que fue un accidente. Sinceramente, no lo sé. Pero esa es una guerra de la que deseo alejarme lo más posible, aunque ahora veo que tal vez nunca pueda.
– Michelle está de paso – se apresuró a decir Tom, aún sin reponerse de lo que su hermano le contaba –. Y los Rose no tienen territorios en el nuevo mundo. No en esta zona, al menos. Aunque los Blackeney son parte de nuestros vecinos.
– Lo sé, pero Seth se mantiene al margen de esa guerra desde antes de que nosotros naciéramos – respondió el otro –. Como sea, necesito un lugar donde empezar de nuevo.
– ¿Y qué tiene que ver eso conmigo? – Preguntó Tom, sintiendo que le faltaba una pieza en aquella historia – ¿Por qué venís a disculparte conmigo? No creo que la muerte de Justine tenga mucho que ver con nosotros. ¿O sí?
William suspiró.
– En parte, es por que es lo que debería haber hecho desde el principio. Y, por otro lado… por Milena.
– ¿Milena? – Tom se sentía perdido.
– Milena es… mi hija. Y de Justine. Ella necesita una familia con la que crecer. Si me pasa algo, necesito estar seguro de que no va a estar sola. Nuestros padres nunca aceptaron del todo a Justine. Menos a Milena. Ellos le darían la espalda. Yo… yo sé que vos no harías eso con ella.
Tom podía leer la vergüenza en los ojos de su hermano: sabía que él nunca le daría la espalda y, de todos modos, eso era precisamente lo que él le había hecho. Y ahora volvía a él por eso: por que confiaba en que no le daría la espalda a su hija a pesar de lo que él le había hecho. En el fondo Tom sabía, además, que su hermano tenía razón. No podía darle la espalda a una niña.
– Ella acaba de cumplir trece años – siguió hablando William, como queriendo asegurarse de convencer a su hermano.
El ruido de llaves abriendo la cerradura lo interrumpió y sacó a Tom de sus pensamientos. Sus ojos se desviaron a un reloj: era mediodía. La puerta se abrió de par en par y se volvió a cerrar a espaldas de una sorprendida Vicky que miraba a ambos hombres con asombro. La muchacha no era tonta: había notado automáticamente el parecido entre los dos hombres.
– Hola – dijo con timidez, mirando a uno y otro y finalmente dirigiéndose a su padre. William estaba atónito. No podía quitarle los ojos de encima a la niña que acababa de irrumpir en la habitación. Las palabras parecían atoradas en su garganta. Tom esbozó una sonrisa. William no se esperaba aquello, era evidente. Luego se puso de pie y se acercó a su hija, rodeándole el hombro con un brazo y acercándola a su hermano.
– Will, ella es Victoria, mi hija – empezó a presentarlos –. Vicky, él es William…
– Es tu hermano – lo interrumpió la chica antes de que pudiera terminar la frase con los ojos grandes como platos. Tom sonrió. La situación familiar empezaba a verse de un modo positivo.

7 may 2012

Cazadores: Michelle. Parte 10: Tom.

Le había costado bastante convencer a Seth de no salir corriendo hacia su casa en cuanto supo que Michelle estaba allí. Pero estaba seguro de que había sido una decisión acertada: la muchacha estaba confundida y, estaba seguro, vivir bajo la presión de los hermanos Blackeney no era una ayuda en su situación. No terminaba de entender por qué Seth lo escuchaba, por qué seguía sus consejos como si fuera el mayor de los dos. De momento, esa influencia era algo positivo, pues servía para ayudar a Michelle.
Mientras pensaba en todo esto, sentado en el sillón en que la noche anterior los recibiera Vicky, sintió a la muchacha bajar por la escalera.
– Hola – dijo la chica tímidamente.
– Hola – saludó él, girándose levemente para verla –. ¿Querés algo de desayunar?
Cuando ella asintió, Tom se puso de pie y caminó hacia la cocina, invitándola a sentarse en una especie de desayunador que separaba a la habitación del comedor. Le ofreció té o café, sacó algunas tostadas de una bandeja y una mermelada de la heladera. Luego presentó todo frente a la chica y se sentó frente a ella, observándola, dispuesto a responder las preguntas que sabía que ella tenía.
Luego de tomarse un momento para comer, la chica lo miró y se decidió a hablar:
– Ya nos conocíamos. ¿Verdad?
– Sí – respondió él rememorando –. Nos conocímos hace unos treinta años, en Europa. Y nos volvímos a ver hace unos diez, acá mismo, pero muy fugazmente.
– Nosotros… No tuvimos nada. ¿No?
Tom dejó escapar una risa divertida.
– No. ¡Jamás! Seth nunca me lo hubiera perdonado.
– Así que sos amigo de Seth…
– Mayormente. James y yo nos conocemos, pero no tenemos tan buena relación. También tiene que ver con una cuestión política. Como líder de mi clan en esta zona, tengo que relacionarme con los líderes de los clanes vecinos y, preferentemente, hacer amistad. O, al menos, estar en paz. Seth está a cargo del clan Blackeney en esta zona. James, por su parte, se dedica a viajar por el mundo. No se establece en un lugar específico desde hace mucho tiempo. Esas cosas condicionan las relaciones y las amistades.
Michelle asintió.
– ¿Qué pensás sobre mí, sobre mi condición?
Tom se tomó un tiempo antes de contestar.
– Hay muchos vampiros que sufren de amnesia. Por algún motivo no logran tolerar el paso del tiempo. No todos logran sobrevivir tanto como vos. Pero creo que, con el ambiente adecuado y un esfuerzo de tu parte, podría solucionarse.
Michelle lo miró, confusa.
– Yo diría que por el momento intentes relajarte… Y lea lo más que puedas ese diario que sé que trajiste de lo de Seth. Lo demás debería venir solo – agregó el otro, notando que a muchacha no entendía a qué quería llegar.
Ella le sonrió, agradecida. Él solo deseó, en el fondo de su alma, tener razón.